Por Fellito Suberví
La gente se preocupa por el agua cuando abre la llave y no sale. Mientras está llegando, muchas veces no pensamos de dónde viene ni qué hace falta para tenerla en la casa. Pero cuando falta, hay que buscar cómo cocinar, cómo bañarse, cómo mantener la higiene. Ahí es que sentimos lo que significa ese servicio, tan necesario, pero poco valorado en su justa dimensión.
Por eso tenemos que hablar de la sequía y entender cómo afecta el abastecimiento. Cuando pasa mucho tiempo lloviendo menos de lo habitual, puede reducirse el agua disponible en las fuentes que alimentan los acueductos. Y aunque después caiga un aguacero, eso no significa que todo se recuperó. Hay que observar cómo están esas fuentes y cómo evoluciona su disponibilidad.
Ahora bien, también tenemos que mirar lo que ocurre con el agua que utilizamos. Podemos trabajar para aumentar la producción y mejorar la distribución, pero si dejamos que se pierda por averías o que se desperdicie, parte de ese esfuerzo no llega a convertirse en un mejor servicio.
A nosotros, desde la CAASD, nos corresponde atender los problemas del sistema, trabajar en las soluciones y explicar lo que está pasando. La gente necesita saber por qué no le llega el agua, qué se está haciendo y qué respuesta puede esperar. Esa es nuestra responsabilidad. Pedir colaboración no nos quita la obligación de cumplirla.
También hay cosas que podemos hacer en la casa. Una llave que se queda abierta, una fuga que dejamos para después o una cisterna que se desborda merecen atención, aunque el agua esté llegando. A veces nos acostumbramos a ver esas pérdidas y solo pensamos en ellas cuando comienza la escasez.
Yo siempre explico que el agua no llega a la llave por sí sola. Hay que captarla, potabilizarla y distribuirla. Hay personal, tuberías, bombeo, electricidad y productos de tratamiento. Todo eso hace falta para llevar el servicio hasta una vivienda.
Tenemos que cuidar ese esfuerzo. Si hay una fuga dentro de la casa, repararla. Si vemos una avería en la calle, reportarla. Y nosotros tenemos que responder y darle seguimiento. Ese es mi compromiso y de todo el que les sirve a los ciudadanos del Gran Santo Domingo desde la CAASD.
La sequía nos obliga a prestar más atención a un recurso del que dependemos todos los días. No podemos manejar el agua como si siempre fuéramos a disponer de la misma cantidad. Nos toca prepararnos, mejorar el servicio y acostumbrarnos a cuidarla también cuando está llegando. Ese es el mejor momento para reconocer su valor.
Fuente: CAASD

