La «Revolución del Flamenco» sacude a Albania

La «Revolución del Flamenco» sacude a Albania

Todos los días a las 19:00 horas, los manifestantes regresan a la misma plaza de Tirana, la capital albanesa, con los mismos símbolos y las mismas demandas.

Más de tres semanas de manifestaciones diarias ininterrumpidas han convertido a la "Revolución del Flamenco” en el mayor movimiento de protesta cívica de Albania desde la caída del comunismo.

Todo comenzó cuando un proyecto de turismo de lujo aprobado por el gobierno en Zvernec, una zona costera protegida del sur de Albania, desencadenó protestas que pronto se transformaron en un movimiento político más amplio.

Inicialmente impulsadas por preocupaciones medioambientales, las manifestaciones se han ampliado para incluir demandas más generales, como la dimisión del primer ministro Edi Rama.

Rama ha rechazado la idea de que los disturbios puedan explicarse únicamente por agravios políticos internos. En cambio, ha argumentado que las protestas se desarrollan dentro de lo que describe como una "guerra híbrida", impulsada por influencias externas y manipulación digital.

Para Rama, la controversia adquirió visibilidad internacional solo después de que se la asociara con Jared Kushner, yerno del presidente estadounidense Donald Trump, quien planea construir un proyecto turístico de lujo en Zvernec.

"El mundo no despertó por el destino de Narta, sino por el nombre de Jared Kushner", dijo Rama en una reunión del grupo parlamentario del Partido Socialista el 20 de junio.

El mandatario asegura que un "ciclón digital" amplificó las protestas mediante una red de actores externos, entre ellos opositores a Trump, grupos antiisraelíes y "mercenarios digitales" financiados por Estados. "Se han identificado actores patrocinados por el Estado, incluidos algunos procedentes de Irán", afirmó.

La investigadora Jonila Godole, especialista en comunicación política y memoria colectiva de la Universidad de Tirana, considera que esa interpretación busca desviar el foco desde las demandas ciudadanas hacia supuestos actores externos.

"Cuando una protesta ciudadana se presenta como iraní, antiisraelí o impulsada por los opositores de Trump, la atención se desvía de las demandas de los manifestantes. El debate pasa a centrarse en los supuestos responsables de la protesta: el enemigo externo", dice a DW.

Godole ve además ecos del pasado comunista en ese discurso: "El miedo era el capital político del régimen comunista", señala. "Mantenía a la sociedad bajo control y concentraba el poder en torno al líder. Hoy ese lenguaje ya no funciona igual. Los jóvenes ya no reconocen ese código político. Lo rechazan", asegura la experta.

El académico Artan Fuga también cuestionó la explicación oficial. A su juicio, atribuir las protestas a los algoritmos equivale a confundir el medio con la causa.

"El algoritmo forma parte del entorno comunicacional. Puede acelerar la circulación de mensajes, amplificar las emociones y aumentar la visibilidad. Pero no es la causa del descontento social", afirma a DW.

"La tecnología puede influir en la forma en que se difunde una protesta, pero no crea las razones de la protesta. Confundir algoritmos con descontento social es confundir el canal con la fuente", agrega.

Para muchos analistas, el verdadero punto de inflexión ocurrió el 30 de mayo en la playa de Zvernec, cuando un manifestante fue arrastrado por la arena por guardias de seguridad privados ante la presencia de la policía. Las imágenes se viralizaron y transformaron una protesta ambiental en un debate nacional sobre el poder, la rendición de cuentas y el Estado de derecho.

"Fue un momento impactante para el público albanés", recuerda Fuga. "Esa escena puso de manifiesto la relación entre los ciudadanos y el Estado, entre el individuo y sus derechos, y el choque entre los intereses privados y el bien común", agrega.

Por su parte, el politólogo Blendi Kajsiu cree que el conflicto revela una crisis más profunda que una simple disputa ambiental. "Estamos presenciando una profunda crisis del modelo democrático de Albania. Lo que une a estos manifestantes ya no es la ideología, sino la convicción de que el sistema político del país ya no los representa", afirma.

La controversia también llegó a la Unión Europea. En su última resolución sobre Albania, el Parlamento Europeo expresó su "grave preocupación" por la situación en el área protegida de Vjosa-Narta y reclamó una moratoria para nuevos permisos y construcciones, al considerar que la protección ambiental y el Estado de derecho forman parte de los compromisos asumidos por el país en su proceso de adhesión al bloque.

Para Godole, presentar las protestas como una amenaza híbrida puede desviar la atención internacional de las demandas democráticas de los manifestantes.

"Durante años, Europa ha abogado por una sociedad civil más fuerte para fortalecer la democracia", sostiene la experta. "Hoy Albania cuenta con una sociedad civil fuerte, movilizada a una escala sin precedentes, pero ha habido poca reacción internacional en apoyo de esa movilización. La cuestión es si la sociedad civil solo es bienvenida cuando es débil y no cuando se convierte en un actor político real".

Fuente: Deutsche Welle

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