La guerra entre EE. UU., Israel e Irán sacude a África

La guerra entre EE. UU., Israel e Irán sacude a África

La presencia de Irán en África se remonta a las redes comerciales del océano Índico del siglo XVI. A partir de la década de 1960, los vínculos se modernizaron y se intensificaron durante el reinado del último sha de Irán, Mohammad Reza Pahlavi.

Las relaciones continuaron tras la revolución de 1979, cuando el ayatolá Ruhollah Khomeini tomó el poder y estableció una república islámica, y se mantienen hasta hoy bajo el actual régimen.

Teherán busca fortalecer sus vínculos estratégicos, económicos, militares, religiosos, científicos y académicos con países africanos, al tiempo que intenta eludir en la mayor medida posible las sanciones internacionales.

La exportación de tecnología y conocimientos industriales ocupa un lugar central en esta estrategia. En 2025, el comercio entre Irán y África registró un fuerte crecimiento: las exportaciones iraníes aumentaron un 85 % en comparación con 2024.

En el plano económico, la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán llega en un momento complicado para muchas economías africanas. Un dólar más débil y tasas de interés más bajas habían dado cierto respiro a varios países altamente endeudados.

El conflicto también está alterando el comercio mundial. Muchos barcos están evitando el canal de Suez y optan por la ruta más larga alrededor de África, pasando por el cabo de Buena Esperanza. Esto incrementa los costos del transporte marítimo y eleva los precios para los consumidores.

En Nigeria, por ejemplo, los precios del combustible en las estaciones de servicio aumentaron alrededor de un 11 % esta semana, según informaron medios locales.

En cuanto a su presencia en África, Irán sigue teniendo una influencia menor que algunas potencias occidentales como Francia o Alemania, explica Salifou Nouhou Jangorzo, profesor e investigador de la Universidad de Maradi, en Níger.

“Irán tiene misiones diplomáticas en 22 países africanos, lo que demuestra su interés por el continente. A través de estas embajadas mantiene relaciones en numerosos ámbitos, especialmente en el económico. Además, organiza regularmente foros y encuentros entre Irán y África”, señaló.

Con la disminución de la influencia occidental en la región del Sahel -en particular la de Francia- Irán ha intensificado sus vínculos con la Alianza de Estados del Sahel, integrada por Mali, Burkina Faso y Níger.

Estados Unidos, Israel y otros países acusan a Irán de intentar enriquecer uranio con el objetivo de desarrollar un arma nuclear. En ese contexto, el mercado africano de uranio podría resultar de interés para Teherán, especialmente el de Níger.

Ese país cuenta con dos importantes minas de uranio. En 2022, alrededor del 5 % del uranio producido en el mundo se extrajo allí, según la Asociación Nuclear Mundial.

De acuerdo con un artículo publicado en 2024 por la revista Africa Defense Forum, la junta militar que gobierna Níger e Irán habrían estado “trabajando en secreto en un acuerdo” para la compra de 300 toneladas de uranio.

“Funcionarios iraníes se acercaron a la junta de Níger en agosto de 2023, aproximadamente un mes después del golpe de Estado de julio de ese mismo año”, señala la publicación. “La visita fue el primer paso para eludir las sanciones internacionales destinadas a impedir que Irán desarrolle una bomba”.

Sin embargo, hasta ahora no se ha concretado ningún acuerdo, afirma el periodista y escritor nigerino Seidik Abba, presidente del Centro Internacional de Reflexión y Estudios sobre el Sahel (CIRES).

“La dimensión cultural, especialmente la religiosa, también desempeña un papel importante”, señala Jangorzo, quien destaca que Irán mantiene desde hace tiempo vínculos con África a través de comunidades chiíes.

La rivalidad religiosa entre Arabia Saudita, mayoritariamente sunita, e Irán, predominantemente chiita, también tiene repercusiones en África. Teherán utiliza instituciones culturales, becas y redes locales para difundir su ideología.

Los chiíes consideran al imán como un descendiente de la familia del profeta Mahoma. A diferencia de los sunitas, defienden una clara separación entre la autoridad religiosa y la política.

Chouala Bayaya Haidara, un imán de Bamako con estrechos vínculos con Teherán, condenó enérgicamente la muerte del ayatolá Ali Khamenei y de otros altos dirigentes del régimen.

“Estamos presenciando una guerra de agresión. Se trata de un crimen de guerra, un crimen contra la humanidad”, declaró Haidara a DW.

“Matar a Khamenei no es un acto de grandeza para Estados Unidos. Estados Unidos habría demostrado grandeza si hubiera podido impedir que Irán disparara misiles, pero Irán sigue lanzando misiles cuando y donde quiere”.

El imán sunita Ayouba Toure, también de Mali, expresó igualmente su solidaridad con el pueblo iraní.

“¿Quién le dio permiso a Estados Unidos, que posee armas nucleares, para fabricarlas?”, afirmó. “Esto lleva a pensar que se consideran la policía del mundo, los amos del mundo (…) y que los demás deben seguirlos. Eso ya no es hegemonía, es una jungla”.

Fuente: Deutsche Welle

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