La guerra de Irán desestabiliza la política en Medio Oriente

La guerra de Irán desestabiliza la política en Medio Oriente

A medida que se extiende la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, aumenta también la inestabilidad en la región. Los países de Medio Oriente se enfrentan a una creciente ola de violencia dentro de sus propias fronteras a medida que se ponen a prueba las lealtades internas y los sistemas políticos.

“Medio Oriente está ardiendo”, escribió Mohamed Chtatou, profesor de la Universidad Mohammed V de Marruecos, en el diario Times of Israel. “No se trata de un único incendio, sino de una constelación de llamas simultáneas que responden, se alimentan y se propagan con su propia lógica”.

Tras los ataques israelíes que mataron al líder supremo de Irán, Ali Jamenei, hubo varios días de protestas en Irak. Las manifestaciones se tornaron violentas y muchos expertos creen que quienes participaron en ellas fueron enviados por paramilitares iraquíes alineados con Irán.

Las tensiones en el Kurdistán iraquí también aumentaron luego de que se conocieran informes que señalaban que Estados Unidos planeaba apoyar a los kurdos para que iniciaran su propia insurgencia dentro de Irán. Teherán, de hecho, ya lanzó ataques contra el Kurdistán iraquí.

“Los ataques en provincias de mayoría kurda sugieren que podría estar en marcha una desestabilización periférica”, escribió Muaz al-Abdullah, experto en Medio Oriente de Armed Conflict Location & Event Data (Acled), en un análisis publicado esta semana. Para él, estos riesgos “prolongan la inestabilidad interna, con posibles implicaciones más amplias para la seguridad regional”.

Todo esto pone a los líderes kurdos iraquíes en una posición difícil, aunque se han apurado en señalar que el Kurdistán iraquí no se va a involucrar en el conflicto. El gobierno federal iraquí incluye a muchos políticos chiitas que apozan a Irán. Si los funcionarios kurdos, que cuentan con su propio ejército en el norte, fueran vistos como promotores de la insurgencia en Irán, se podría generar un problema potencialmente peligroso en la región.

En el estado más pequeño del golfo Pérsico, Baréin, las protestas contra la guerra se tornaron violentas y residentes han sido arrestados por expresar simpatía hacia Irán.

Como otros Estados del golfo Pérsico, Baréin es una monarquía y reprime a la disidencia. Sin embargo, y esto es relevante, la familia real del país es sunita, mientras que se estima que la mayoría de la población es chiita.

Baréin fue escenario de importantes manifestaciones prodemocracia en 2011 como parte de los levantamientos de la Primavera Árabe. Las autoridades locales lanzaron una dura represión y fuerzas del Comando Militar Unificado, una alianza militar liderada por Arabia Saudita, entraron en el país para ayudar a controlar las manifestaciones. Se ha rumoreado que esas fuerzas volvieron a Baréin para controlar las nuevas protestas, pero esto no ha sido confirmado.

La guerra también ha exacerbado los choques entre el gobierno libanés y Hezbolá, el poderoso grupo militante chiita aliado de Irán. Israel y Estados Unidos exigieron el desarme de la milicia, pero el grupo se ha resistido. El gobierno de Líbano también quiere que Hezbolá entregue las armas, en parte para evitar nuevas incursiones y bombardeos israelíes. Sin embargo, el ejército de Líbano no es suficientemente fuerte como para ayudar a desarmar a los combatientes de Hezbolá.

Después de que Hezbolá lanzara cohetes contra Israel el lunes 2 de marzo, que desató una fuerte respuesta israelí, el gobierno de Líbano prohibió cualquier actividad militar y de seguridad del grupo.

La tensión social es creciente, con muchos libaneses, incluidos chiitas que antes apoyaban a Hezbolá, exigiendo su desarme.

“La solidaridad casi unánime con la ‘resistencia’ ha dado paso a la ira ante una escalada considerada tan inútil como suicida”, escribió el diario libanés L’Orient Today.

“Muchos analistas pasan por alto el peso emocional y religioso que supone la muerte de Jamenei”, dice a DW Mohammed Albasha, analista de la consultora estadounidense Basha Report. “Para muchos, el líder supremo no es solo una figura política. Está vinculada a un sistema sagrado”.

Es el factor religioso el que domina. “Debido a ello, la reacción más fuerte seguramente provendrá de grupos que aceptan esta autoridad religiosa”, explica. “Hezbolá y algunas milicias iraquíes podrían empujar a Líbano e Irak hacia una confrontación regional más profunda”, añade el experto. “En Baréin, Arabia Saudita y Kuwait, es menos probable que los grupos chiitas desafíen directamente a sus gobiernos, aunque no se pueden descartar perturbaciones a pequeña escala por parte de elementos marginales”.

Fuente: Deutsche Welle

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