Una esperanza política para Irán: Reza Pahlavi, hijo del último sah, es una figura muy apreciada por un sector de la población iraní, que considera que él debería liderar el país. El propio Pahlavi recorre el mundo para defender la causa de la oposición y manifiesta constantemente su interés por asumir el liderazgo político.
Sin embargo, su ambición "se estancó", afirmó la agencia de noticias Reuters en julio. Altos funcionarios estadounidenses se han distanciado públicamente de la idea de llevar al príncipe heredero al poder. Pahlavi reside en Estados Unidos desde 1978. Tenía 17 años en aquel entonces. Sus críticos le reprochan depender excesivamente de una intervención militar extranjera y no haber conseguido formar una coalición política duradera para el país entre la dividida oposición.
De hecho, el hijo del sah siempre ha visto con buenos ojos la presión internacional sobre el régimen iraní. Incluso una intervención. En enero de este año, aseguró a los iraníes que la comunidad internacional tomaría medidas, al hacerse eco del mensaje del presidente estadounidense Donald Trump de que la ayuda estaba "en camino". En aquel entonces, ciudadanos iraníes indignados se manifestaban en todo el país contra la escalada de precios.
No obstante, la guerra de Irán no logró provocar el cambio de régimen que se esperaba y aún continúa. Pahlavi modificó su retórica, consciente de que las críticas a la guerra también han cobrado fuerza dentro de su país. "La victoria definitiva será obra nuestra", afirma Pahlavi. La responsabilidad principal sigue recayendo en el propio pueblo iraní, sostiene.
Pahlavi nunca fue una opción viable para los gobiernos occidentales, afirma el politólogo Mojtaba Najafi, especialista en movimientos políticos y sociales de Irán. "Un líder creíble debe ser capaz de obtener y ejercer el poder, influir en las estructuras de poder existentes y ofrecer una perspectiva realista de cambio político estructural", explica.
El príncipe heredero no cumple con estos criterios, agrega el experto. Los intereses dentro de la comunidad internacional también varían. La UE busca estabilidad en Irán y no desea una nueva oleada de refugiados hacia Europa.
"Estados Unidos quiere acabar con la postura antiestadounidense del régimen y proteger sus propios intereses", afirma Najafi. "Desde esta perspectiva, Washington no busca necesariamente un cambio liderado por una figura como Pahlavi". Y a los ojos de Israel, considerado el archienemigo de Irán, Pahlavi, al igual que cualquier movimiento opositor, sirve como una herramienta útil para ejercer mayor presión sobre el régimen islámico.
El príncipe heredero no demostró poseer las capacidades de un político de primer nivel, señala Arash Azizi, investigador de la Universidad de Boston. "Su estrategia dependía en gran medida de gobiernos extranjeros, que sin embargo mostraron poca disposición a apoyarlo de manera decisiva", sostiene. Aunque recientemente ha buscado estrechar lazos con políticos israelíes, no puede contar con un mayor respaldo, agrega.
Pahlavi se formó como piloto de combate en Estados Unidos antes de la revolución islámica de 1979. Más tarde, cursó a distancia la carrera de Ciencias Políticas en la Universidad del Sur de California.
Resulta difícil medir el grado de popularidad de Pahlavi en Irán. La población iraní ha visto que el conflicto abierto con Estados Unidos e Israel ha causado un gran sufrimiento, señala Najafi. Si el conflicto no conduce a un cambio político, esto podría perjudicar seriamente la popularidad de Pahlavi.
Amir Taheri, un activista radicado en París y partidario de una monarquía constitucional, también percibe un descenso en la popularidad del príncipe heredero. Señala que Pahlavi ha cultivado vínculos con partidos conservadores y populistas de derecha en Estados Unidos y Europa, y ha apoyado una guerra que muchos iraníes consideran injusta.
Mehrdad Bozorg, politólogo radicado en Alemania y partidario de Pahlavi, tiene una opinión diferente. "El gobierno de Irán está reprimiendo duramente a la oposición. La gente ha comprendido con mayor claridad que el régimen debe caer", afirma.
"Reza Pahlavi es la única figura de la oposición que ha abogado sincera y coherentemente por una transición que deje atrás a la República Islámica". Sin embargo, la legitimidad de Pahlavi se basa en la confianza del pueblo iraní y no en el reconocimiento de otros países, argumenta.
Fuente: Deutsche Welle
