Las ceremonias fúnebres por Ali Jamenei aspiran a convertirse en "la mayor concentración en la historia de la capital". Así lo afirmó el alcalde interino de Teherán, Alireza Zakani, a medios iraníes.
Para el funeral del fallecido exlíder supremo de la República Islámica de Irán, quien durante 37 años tuvo la última palabra en las principales decisiones del país, está prevista una ceremonia de seis días.
El ayatolá, de 86 años, murió junto con varios miembros de su familia en ataques con misiles contra su complejo residencial y de trabajo, ubicado en el centro de Teherán. El primer día de la guerra entre Irán, iniciada con los ataques de Estados Unidos e Israel contra el país el 28 de febrero, varios misiles impactaron en el complejo.
Imágenes satelitales muestran importantes daños en las instalaciones. Hasta ahora no está claro si los cuerpos pudieron ser recuperados ni en qué estado se encontraban.
Las ceremonias fúnebres, previstas originalmente para comienzos de marzo, debieron posponerse debido a la guerra. Solo después de que Washington y Teherán acordaran un frágil alto el fuego, las autoridades iraníes anunciaron las fechas de los homenajes.
Según el responsable de la organización, Ali Akbar Purjamshidian, las ceremonias buscan "fortalecer la unidad nacional". Sin embargo, no está claro que ese objetivo pueda cumplirse.
"A diferencia del ayatolá Ruhollah Jomeini, que gobernó durante los primeros diez años tras la Revolución Islámica de 1979, el ayatolá Jamenei estuvo al frente del Estado durante 37 años y dirigió el país con un marcado estilo de micromanagement, interviniendo en prácticamente todos los ámbitos de la política y de la administración", explica a DW Mehrzad Boroujerdi, profesor de Historia y Ciencia Política en la Universidad de Ciencia y Tecnología de Missouri.
Durante el mandato de Jamenei, la situación en Irán se deterioró. El país quedó cada vez más presionado por la corrupción, la mala gestión y el endurecimiento de las sanciones vinculadas al conflicto en torno al programa nuclear iraní.
El descontento social fue creciendo y alcanzó a sectores cada vez más amplios de la población. Además, el país vivió importantes protestas, entre ellas el Movimiento Verde de 2009, el movimiento por Mahsa Amini con el lema "Mujer, vida, libertad" en 2022 y las manifestaciones nacionales de diciembre y enero de 2025/2026. Todas fueron reprimidas con dureza por las fuerzas de seguridad.
"La postura de Ali Jamenei como jefe de Estado siempre fue no hacer ninguna concesión a sus adversarios, no solo a los críticos del régimen, sino también a los sectores reformistas dentro de la propia estructura de poder", afirma Boroujerdi.
Según el politólogo, el creciente distanciamiento entre la sociedad y el sistema político es también consecuencia de las políticas impulsadas por Jamenei. "Muchas personas se han cansado del sistema vigente".
"Para muchos manifestantes que vivieron la represión de diciembre y enero es muy difícil aceptar que, al final, la República Islámica haya prevalecido", afirma una defensora de los derechos de las mujeres en Teherán, que habló con DW bajo condición de anonimato. "Los partidarios de la República Islámica han recuperado impulso".
La guerra también hizo que muchas personas comprendieran que no pueden esperar ayuda del exterior y que, en última instancia, están solas. Los intensos bombardeos sobre ciudades densamente pobladas, así como la destrucción de importantes instalaciones industriales, entre ellas plantas petroquímicas y siderúrgicas, destruyeron miles de puestos de trabajo y profundizaron la desilusión, especialmente entre los jóvenes.
En este país de 93 millones de habitantes, el Estado moviliza ahora a sus seguidores para las ceremonias fúnebres. A partir del sábado habrá tres días de homenajes en la capital iraní. Durante ese período, las autoridades ordenaron el cierre total de la ciudad y declararon días no laborables. Además, se realizaron amplios preparativos para alojar a los visitantes que llegarán desde otras regiones del país.
Ali Jamenei será enterrado finalmente el 9 de julio en su ciudad natal, Mashhad, en el noreste de Irán, uno de los lugares más sagrados para el islam chiita. Un día antes también habrá ceremonias de duelo en Nayaf y Kerbala, ciudades santas para los chiitas en el vecino Irak. Los homenajes también buscan proyectar la influencia de Irán en la región.
Fuente: Deutsche Welle

