Desde el estallido de la guerra contra Irán, el 28 de febrero de 2026, muchos contactos en ese país se han vuelto inaccesibles, tanto por teléfono como por internet, como consecuencia de los ataques de Estados Unidos e Israel contra diversos objetivos en Irán. Las estadísticas de la organización de monitoreo de internet NetBlocks muestran que la conectividad a internet se ha mantenido a solo un 1 % del nivel normal desde finales del mes pasado.
Aún son posibles algunos contactos a través de aplicaciones de comunicación como IMO, Telegram o WhatsApp, y con menos frecuencia a través de Instagram. “Me fui de la ciudad después de que bombardearon un edificio en nuestra calle”, dice una madre cabeza de familia que prefiere permanecer en el anonimato. No sabía quién vive aún en el edificio de apartamentos de su barrio en la megalópolis de Teherán.
Cuando estalló la guerra, esta fotógrafa de 42 años estaba segura de que se quedaría en su casa hasta que los ataques selectivos contra funcionarios de la república islámica liberaran a la población. En la noche del tercer día de la guerra tuvo que abandonar la ciudad con su hijo y dirigirse a casa de familiares en un barrio periférico. “Vimos caer varios misiles”, explica. Y agrega que ahora se alegra de no estar en Teherán.
En Teherán crece ahora el temor a la lluvia ácida. Luego de los ataques del Ejército de Israel contra varios depósitos alrededor de la capital iraní, un humo denso, negro y tóxico oscurece la metrópoli. La autoridad de Medio Ambiente de la ciudad llamó a la población a permanecer en sus viviendas. La Media Luna Roja advirtió que la llovizna contiene sustancias químicas que pueden dañar los pulmones y la piel.
No solo los depósitos de petróleo, sino también muchos otros objetivos de los ataques se encuentran en la densamente poblada Teherán. En cada bombardeo mueren civiles, pues no saben cómo protegerse, y no cuentan con sirenas ni refugios antiaéreos.
Según la organización de derechos humanos Human Rights Activists in Iran (HRANA), con sede en Estados Unidos, desde el inicio de la guerra hasta el 8 de marzo de 2026 resultaron muertos 1.205 civiles en Irán, entre ellos, al menos 194 niños. La cifra de las víctimas militares llega a 187, según HRANA, a las que se suman 316 muertes no esclarecidas de civiles y militares.
Entre las víctimas mortales civiles se encuentran al menos 110 niños en edad escolar, entre siete y doce años, que fueron asesinados en el primer día de la guerra debido a un ataque a una escuela de niñas en Minab, en el sur de Irán.
Investigaciones independientes realizadas por separado por equipos del New York Times y la plataforma Bellingcat concluyeron que es altamente probable que la escuela fuera atacada por el Ejército de Estados Unidos, lo que constituiría un crimen de guerra.
“Ninguna de las partes en conflicto está actuando conforme a las reglas”, dijo a DW Moin Khazaeli, investigador iraní de derechos humanos. Khazaeli, politólogo y criminólogo, reside en Suecia desde 2009.
Y añadió: “Infraestructuras como las instalaciones petroleras en Irán no son objetivos militares inherentes, como tampoco lo son la infraestructura civil y las zonas residenciales que la República Islámica ataca en los países vecinos. Irán no está protegiendo a su propia población. No hay refugios antiaéreos ni sistemas de alarma, y falta información sobre cómo debe comportarse la gente, sobre todo porque internet está bloqueado”.
Las organizaciones internacionales deben esforzarse para que Irán permita a su población acceder a la ayuda humanitaria, explica Khazaeli. “Más importante aún, la República Islámica es responsable de lo que está sucediendo ahora. Las organizaciones internacionales deben trabajar para garantizar que Irán permita una transición pacífica del poder, y que la gente pueda decidir por sí misma cómo quiere vivir”.
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Antes del estallido de la guerra, casi todas las conversaciones con iraníes que habían sufrido la brutal represión de las protestas nacionales de enero revelaban un mismo deseo: un cambio de régimen mediante el asesinato selectivo de los responsables de la República Islámica. Con cada día que pasa que se prolonga la guerra en Irán, se desvanece la esperanza de un cambio de régimen rápido en el país.
Mucha gente sigue en Teherán porque tiene que trabajar para ganarse la vida. A muchos les preocupa que la situación empeore todavía más tras el nombramiento del nuevo líder iraní, Mostafa Jamenei.
Fuente: Deutsche Welle

