En las últimas semanas se han producido de nuevo ataques, atentados y enfrentamientos armados en la provincia fronteriza iraní de Sistán y Baluchistán, en el el sureste, junto a la frontera con Pakistán y Afganistán.
Los incidentes tuvieron lugar tanto en Zahedán, la capital de la provincia, como en otras localidades más pequeñas.
En esa zona en Irán, que limita al norte con Afganistán y al este con Pakistán, vive la minoría étnica de los baluchis, cuyo territorio de asentamiento se extiende por los tres Estados. La región se cuenta entre las zonas más desfavorecidas económicamente.
A pesar de sus importantes yacimientos de gas natural, oro y cobre, la provincia pakistaní de Baluchistán se considera una zona estructuralmente débil. La situación es similar en la provincia iraní de Sistán y Baluchistán, habitada en su mayoría por baluchis suníes. Es una de las regiones más pobres del país y su población sufre graves carencias en los ámbitos de la educación, las infraestructuras y el suministro de agua.
Se dispone de mucha menos información sobre cuál es la situación de los baluchis en Afganistán.
En Irán y Pakistán operan diversos grupos armados baluchis, algunos de los cuales persiguen la independencia de Baluchistán. Hasta la fecha no hay indicios de una cooperación transfronteriza coordinada entre estas organizaciones.
En diciembre de 2025, varios grupos baluchis de la oposición en Irán se unieron bajo el paraguas del Frente de Combatientes Populares (PFF). Los observadores ven en ello un intento de coordinar mejor las actividades políticas y militares.
Esta coalición, que ya se había formado antes del estallido de la guerra de Irán, podría intentar aprovechar las brechas de seguridad que ha generado la situación actual, afirma Mehdi Nakhl-Ahmadi en entrevista con DW.
Este periodista iraní, afincado en Italia, lleva años analizando la situación de los baluchis. El cambio en la situación de seguridad podría ampliar el ámbito operativo de los grupos armados y sus posibilidades de acción.
Al mismo tiempo, Mehdi Nakhl-Ahmadi señala las causas estructurales del descontento: "La política de seguridad de Irán respecto a las regiones étnicas y religiosas ha agravado aún más, en las últimas décadas, la brecha en el desarrollo económico entre estas regiones y otras partes del país".
Para Nakhl-Ahmadi, no solo el creciente número de ataques apunta a modificaciones en la dinámica del conflicto. Otros indicios serían la creciente coordinación y el cambio en la ejecución de las operaciones más recientes.
Entre las víctimas de los enfrentamientos de las últimas semanas se encontraban miembros de la Guardia Revolucionaria y de la milicia Basij, actores armados y un clérigo suní.
Aunque, según estimaciones, los baluchis solo representan entre el dos y el seis por ciento de la población iraní, están claramente sobrerrepresentados entre los ejecutados. Según datos de Iran Human Rights, en 2025 el nueve por ciento de todas las ejecuciones registradas correspondió a baluchis. En años anteriores, su proporción fue del 11 por ciento (2024) y del 20 por ciento (2023).
El contrabando de opio hacia Irán y de combustible desde el país constituye, para muchas personas de esta región económicamente desfavorecida, una de las pocas fuentes de ingresos. Esto contribuye también a la presencia permanente de fuerzas militares y de seguridad en la frontera.
Hasta el momento se desconoce si los grupos armados del sureste de Irán reciben apoyo del extranjero. Al mismo tiempo, la violencia también ha aumentado en la provincia pakistaní de Baluchistán. Según datos del Instituto Pakistaní de Estudios sobre Conflictos y Seguridad (PICSS), en septiembre de 2026 se registraron allí un total de 131 ataques armados, mientras que en agosto ya se habían producido 89.
Por el momento, no se puede demostrar de forma inequívoca si la reciente ola de violencia en el Baluchistán iraní se debe realmente a un nuevo margen de maniobra de los grupos armados como consecuencia de la guerra de Irán.
Sin embargo, el creciente número de ataques apunta a que la situación de seguridad en la ya de por sí frágil región fronteriza se está agravando aún más.
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Fuente: Deutsche Welle

