Durante años, Mali ha luchado contra la creciente violencia yihadista, pero los avances duraderos siguen siendo limitados. Tras la retirada de las tropas francesas y pese a la estrecha cooperación con Rusia, el Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes (JNIM), aliado de Al Qaeda, continúa expandiendo su influencia. Ahora, un nuevo actor podría entrar en el conflicto: Estados Unidos.
El JNIM se ha convertido en la principal fuerza yihadista del Sahel y busca imponer un orden islamista, desplazando las estructuras estatales y la influencia occidental.
"Ya no hablamos de un grupo que lleva a cabo ataques aislados", afirma a DW Tobias Rüttershof, director del Programa para el Sahel de la Fundación Konrad Adenauer (KAS). "El JNIM controla de facto la situación de seguridad en muchas regiones, recauda impuestos, media en conflictos locales y tiene mayor presencia en algunas zonas que el propio Estado maliense".
Según el Centro Nacional Antiterrorista de Estados Unidos, el JNIM fue responsable de más de 1.200 muertes en 2025, lo que lo convierte en el segundo grupo terrorista más letal del mundo. Además de Mali, también opera en Burkina Faso, Níger y cada vez más en los países costeros de África Occidental.
El Gobierno estadounidense está dividido sobre una posible intervención. Defensores como Sebastian Gorka, director sénior de Contraterrorismo del Consejo de Seguridad Nacional, sostienen que el avance del JNIM debe frenarse.
Para Rüttershof, la estrategia de seguridad rusa tampoco ha dado resultados. "El Gobierno militar maliense argumentó que Rusia podría estabilizar la situación de seguridad con mayor eficacia. Esta expectativa no se ha cumplido. Por el contrario, el JNIM parece ser más fuerte hoy que hace unos años".
El ministro de Relaciones Exteriores maliense, Abdoulaye Diop, ha reaccionado con cautela a los informes sobre posibles ataques estadounidenses: "No hemos recibido ninguna confirmación de Estados Unidos. Pero puedo asegurarles que Mali no se queda de brazos cruzados esperando a que otros vengan a resolver nuestro problema".
Las opiniones también están divididas entre la población. Un residente de Bamako dice a DW: "Todo lo que, en última instancia, nos traiga la paz a todo el país es bienvenido".
Abdoulmoumouni Abbas, experto en prevención de la radicalización en el Sahel, advierte de que "la experiencia de operaciones antiterroristas apoyadas por Estados Unidos, como en Nigeria, demuestra que los ataques militares no siempre alcanzan sus objetivos".
Aunque una ofensiva podría debilitar a la cúpula del JNIM, las causas del conflicto -como la pobreza, la debilidad institucional y las tensiones étnicas- seguirían presentes. Además, existe el riesgo de represalias contra intereses occidentales. En 2025, el JNIM mantuvo durante varios meses un bloqueo de importantes convoyes de combustible con destino a Bamako y, en 2026, participó en ataques coordinados contra bases militares en varias regiones de Mali.
Una eventual intervención estadounidense también tendría implicaciones geopolíticas, ya que el Sahel se ha convertido en un escenario de competencia entre potencias. Rusia ha ampliado considerablemente su influencia en Mali, Burkina Faso y Níger en los últimos años.
"Si Washington emprendiera una acción militar, esto no solo sería una medida antiterrorista, sino también una señal de que EE. UU. pretende mantener su capacidad de actuación en materia de seguridad", sostiene el experto Rüttershof.
Para el canciller Diop, la prioridad es otra: "Lo que esperamos de un socio es que venga a Mali y pregunte a Mali qué necesita".
Rüttershof insiste en que el conflicto no puede resolverse solo por la vía militar. "El JNIM explota el descontento existente. Eso no significa que la población comparta su ideología, sino que muchos optan por quienes logran imponer algún tipo de orden", asegura. Por ello, opina que la lucha contra el terrorismo también requiere fortalecer el Estado, mejorar la gobernanza e impulsar el desarrollo económico.
Por ahora, se desconoce si Trump autorizará ataques contra el JNIM. De hacerlo, Mali sería el octavo país en el que Estados Unidos realiza operaciones militares desde el inicio de su segundo mandato.
Fuente: Deutsche Welle

