Guerra con Irán: alerta energética en Europa

Guerra con Irán: alerta energética en Europa

La Comisión de la Unión Europea (UE) está pidiendo a sus más de 400 millones de ciudadanos que vuelen y conduzcan menos, trabajen desde casa y hagan su parte para ahorrar energía, mientras la guerra en Irán entra en su quinta semana.

El canciller alemán, Friedrich Merz, advirtió que el impacto económico podría ser “tan grave como el que vivimos recientemente durante la pandemia de COVID o al inicio de la guerra en Ucrania”, mientras el bloque redujo la compra de energía rusa.

“Cuanto más puedan hacer para ahorrar petróleo —especialmente diésel y combustible de aviación—, mejor”, apeló el comisario europeo de Energía, Dan Jørgensen, tras una reunión de los 27 ministros de Energía de la UE en Bruselas, donde analizaron las consecuencias de la guerra en Irán para la seguridad energética del bloque.

También instó a los europeos a seguir las recomendaciones de la Agencia Internacional de la Energía: usar más el transporte público, compartir el coche y adoptar prácticas de conducción eficientes.

Pero expertos señalan que la UE debe hacer más y prepararse para una crisis inminente que no solo encarecerá el combustible, sino que también afectará a la industria, impulsará la inflación, reducirá la demanda y elevará los precios de los alimentos.

“Aún no hemos dimensionado la magnitud de la crisis”, dijo a DW Ana Maria Jaller-Makarewicz, analista principal de energía para Europa en el Instituto de Economía Energética y Análisis Financiero.

“Creo que empezaremos a notar la diferencia a partir del próximo mes. Ya algunos cargamentos de gas natural licuado (GNL) están siendo desviados hacia Asia”, añadió, aludiendo a la competencia entre Europa y Asia por suministros limitados.

Los precios del petróleo y el gas se han disparado hasta un 70% desde que Estados Unidos e Israel atacaron por primera vez a Irán con bombardeos aéreos a fines de febrero. En represalia, Irán ha lanzado misiles y drones contra países del Golfo ricos en energía y ha bloqueado el estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% de los buques de petróleo y gas a nivel mundial.

La UE también ha sufrido el impacto, en términos financieros. Según la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, solo los primeros 10 días del conflicto costaron a los contribuyentes europeos unos 3.000 millones de euros (3.400 millones de dólares) adicionales en importaciones de combustibles fósiles.

De acuerdo con un informe reciente del centro de estudios Bruegel, “una duplicación de los precios del gas añadiría unos 100.000 millones de euros a los costos de importación de gas de Europa en los próximos 12 meses”.

Pero el aumento de precios no es la única preocupación: crecen los temores a una escasez de suministro.

En un inicio, los responsables políticos parecían tranquilos, ya que la UE depende menos de las importaciones energéticas que pasan por ese estrecho —solo el 8 % del GNL europeo proviene de Qatar—, mientras que Asia depende de esa vía para casi un tercio de su consumo total.

Sin embargo, a medida que la guerra entra en su segundo mes y el suministro se ajusta, crece la preocupación de que incluso pequeñas fluctuaciones provoquen escasez, especialmente si Asia termina pagando más que Europa por los recursos disponibles.

La UE diversificó sus importaciones energéticas para reducir la dependencia de Rusia, sustituyéndola por mayores compras a Estados Unidos y Noruega. Hoy, Estados Unidos es el principal exportador de gas hacia la UE. Pero, con la competencia en aumento, países asiáticos también buscan asegurarse parte de ese GNL estadounidense.

Algunos en la UE piden volver a la energía rusa más barata. En la cumbre de líderes europeos de este mes, el primer ministro belga Bart De Wever sostuvo que la UE debe reforzarse militarmente, pero también “normalizar las relaciones con Rusia y recuperar el acceso a energía barata”.

“Es sentido común. En privado, los líderes europeos me dicen que tengo razón, pero nadie se atreve a decirlo en público”, afirmó.

Sin embargo, el comisario de Energía Jørgensen lo descartó y aseguró que la UE “no importará ni una sola molécula” de energía rusa. Expertos señalan que, en cambio, la Comisión podría evaluar un posible tope al precio del gas y subsidios para la industria.

No obstante, algunos expertos advierten contra la imposición de topes de precios.

“El impulso ante un shock de precios es intentar contenerlos”, señala el informe de Bruegel. “Eso sería un error”, ya que debilitaría las señales de mercado que fomentan la eficiencia, la reducción de la demanda y la inversión en energías limpias.

Mientras la presidenta de la Comisión Europea impulsa un resurgimiento de la energía nuclear para reducir la vulnerabilidad del bloque, expertos consideran que es momento de acelerar las renovables.

“Nadie sabe cuánto durará esta crisis, pero es muy importante subrayar que no será corta”, afirmó Jørgensen tras la reunión de emergencia.

“Incluso si hubiera paz mañana, seguiría habiendo consecuencias, porque la infraestructura energética en la región ha sido y sigue siendo destruida por la guerra.”

Fuente: Deutsche Welle

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