FCAS: la rivalidad industrial frena la defensa europea

FCAS: la rivalidad industrial frena la defensa europea

Cualquiera que se precie en la industria armamentística europea se da cita cada dos años en Eurosatory, la mayor feria de armamento de Francia. También esta semana, el sector muestra lo que tiene que ofrecer en el extenso recinto de Villepinte, cerca de París. Más de 2.000 expositores se reúnen allí con militares, políticos y visitantes profesionales.

Con las carteras de pedidos repletas, el ambiente no podría ser mejor. Los gobiernos europeos quieren ser más independientes de EE.UU. en materia militar y, para ello, invierten cientos de miles de millones de euros.

Sin embargo, este ambiente de euforia se mezcla también con la desilusión. Y es que, precisamente, la mayor promesa europea hasta la fecha en materia de armamento para lograr una mayor autonomía estratégica fracasó hace unos días: Alemania y Francia han asestado de facto el golpe de gracia al avión de combate conjunto de sexta generación. El núcleo del sistema de combate aéreo FCAS no se construirá de forma conjunta.

Aunque la ministra de Defensa francesa, Catherine Vautrin, no abordó el tema en su discurso inaugural del lunes, todo apunta a que París y Berlín no solo se han estancado en lo relativo a los aviones de combate, sino que el proyecto de los carros de combate también podría estar enfrentándose a nuevas dificultades.

Cuando el presidente Emmanuel Macron y la canciller Angela Merkel pusieron en marcha el FCAS en 2017 como respuesta al brexit y a la elección de Donald Trump para la Casa Blanca, acompañaron el proyecto de los aviones de combate con un proyecto franco-alemán de carros de combate: el Main Ground Combat System (MGCS). Mientras que los franceses debían asumir el liderazgo en lo relativo a los aviones, se preveía que Alemania se encargara de la dirección del proyecto de los carros de combate. Desde entonces, el presidente Macron ha advertido en repetidas ocasiones que, si el FCAS fracasa, el MGCS podría correr la misma suerte.

"Me tomo estas advertencias muy en serio", afirma Ulrike Franke, del grupo de expertos European Council on Foreign Relations (ECFR) de París, a la emisora alemana Deutschlandfunk. En realidad, el proyecto de los carros de combate ha sido, desde el principio, más complicado y lento que el del FCAS.

La experta en seguridad Franke ve varios paralelismos con el fallido proyecto de aviones. Al igual que con el avión de combate, también en el caso del carro de combate existen diferentes requisitos militares de ambos países que dificultan su realización. El Ejército alemán apuesta por la máxima protección y potencia de fuego para el flanco oriental de la OTAN, mientras que los franceses prefieren tradicionalmente carros de combate más ligeros y transportables por avión para intervenciones rápidas.

En el caso del FCAS, el tradicional grupo francés Dassault es considerado el socio problemático que los responsables políticos no han podido controlar. "Desde el principio, no todos estaban en la misma sintonía", constata con frialdad Cédric Perrin, presidente de la Comisión de Defensa del Senado francés. La agotadora disputa sobre las patentes y la dirección del proyecto fue, en última instancia, una lucha implacable por el liderazgo tecnológico industrial del mañana.

Se observa un dilema similar en el proyecto de carros de combate MGCS. En este caso, el actor dominante no es Dassault, sino Rheinmetall. En realidad, la empresa conjunta franco-alemana KNDS (Krauss-Maffei Wegmann y Nexter) debía encargarse del proyecto.

Sin embargo, la parte alemana impuso posteriormente, con firmeza política, la participación de Rheinmetall, una empresa que aspira a convertirse en el mayor fabricante de armamento de Europa para 2030. Desde el punto de vista francés, la participación de Rheinmetall ha alterado enormemente el delicado equilibrio del proyecto.

El hecho de que los programas multinacionales se estanquen, mientras que la industria armamentística alemana acelera drásticamente por su cuenta, no pasa desapercibido a orillas del Sena. La preocupación por un dominio industrial alemán constituye ya el núcleo de la frustración en París.

El senador Cédric Perrin resume este distanciamiento de forma concisa: "Hemos pasado de tener ambiciones divergentes a tenerlas competitivas". La visión alemana sobre el futuro del armamento tiene ahora un marcado carácter nacional y apunta a una expansión masiva de su propia base de tecnología de defensa, se lamenta el senador.

La brecha franco-alemana y sus consecuencias para Europa son un tema importante en la feria de París. Puede que la industria europea sea capaz de fabricar sistemas de armamento excepcionales; sin embargo, mientras la política industrial nacional dicte las decisiones, la cooperación europea en materia de armamento seguirá siendo ineficaz y propensa a los errores. Esto no reduce la factura para el contribuyente.

Fuente: Deutsche Welle

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