A pocos días de una renovada guerra civil en Etiopía, estalla una batalla en el terreno político que supera sus fronteras en África. Etiopía, Eritrea y Egipto están inmersos en una confrontación diplomática que empeora rápidamente, mientras aumenta el temor de que el conflicto etíope pueda atraer a potencias regionales rivales.
El jueves 1 de octubre de 2026, Etiopía ordenó el cierre de su embajada en Eritrea y expulsó a diez diplomáticos eritreos de su país. Eritrea respondió de inmediato rompiendo por completo las relaciones diplomáticas. Etiopía también declaró persona non grata a un diplomático egipcio, lo que llevó a El Cairo a expulsar en represalia a un consejero de la embajada etíope.
Las tensiones diplomáticas ocurren mientras se intensifican los combates entre las fuerzas federales etíopes y una alianza opositora liderada por el Frente Popular de Liberación de Tigray (TPLF). El conflicto amenaza con reabrir las viejas heridas dejadas por la guerra civil entre 2020 y 2022, en la cual murieron cientos de miles de etíopes.
"Ahora salir de casa y regresar se ha vuelto muy aterrador, y la vida está muy difícil", dice a DW un residente de la ciudad de Desse. "Hay un grave daño a la región, económica y socialmente, en todos los aspectos".
El colapso de las relaciones entre Etiopía y Eritrea es apenas la más reciente escalada de un largo conflicto. Hace apenas ocho años, el primer ministro Abiy Ahmed reabrió la embajada etíope en Asmara como parte de un acercamiento histórico con el presidente eritreo Isaias Afwerki. Ese acuerdo de paz puso fin a dos décadas de hostilidad y ayudó a que Abiy recibiera el Premio Nobel de la Paz en 2019.
Sin embargo, la alianza forjada durante la guerra de Tigray entre 2020 y 2022 se ha ido fragmentando gradualmente.
Ahora Etiopía acusa a Eritrea de respaldar a los rebeldes que combaten contra sus fuerzas armadas. Eritrea niega las acusaciones y respondió rompiendo completamente las relaciones diplomáticas.
El deterioro diplomático reaviva profundas disputas estratégicas que existían mucho antes del conflicto actual. Desde que Eritrea obtuvo su independencia en 1993, Etiopía busca una salida al mar, vital para su futuro económico y su seguridad nacional. Eritrea, por su parte, amenaza contra cualquier intento de obtener dicho acceso mediante presión o fuerza.
La crisis diplomática se amplió aún más cuando el gobierno etíope también acusó a Egipto y Sudán de apoyar a la alianza opositora. Ambos países rechazan las acusaciones.
El Cairo respondió rápidamente a la expulsión de su diplomático y declaró persona non grata a un consejero de la embajada etíope. Más tarde, un portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores egipcio resumió la postura de El Cairo en una sola frase: "La reciprocidad es la moneda de la diplomacia".
El revés diplomático podría empeorar viejas tensiones. Las relaciones entre El Cairo y la capital etíope, Adís Abeba, ya estaban deterioradas desde hace más de una década. Ambos países han estado enfrentados por una gran represa en Etiopía, que Egipto teme pueda afectar el flujo aguas abajo del río Nilo.
Sin acuerdos diplomáticos aumentan los temores de que un conflicto en Etiopía no se pueda contener. A diferencia de la guerra de Tigray de 2020-2022, Etiopía y Eritrea parecen estar ahora en bandos opuestos. Analistas sostienen que Eritrea está proporcionando a los rebeldes acceso al exterior a través de su costa sobre el mar Rojo.
La guerra civil de Sudán también salpica a Etiopía. Mientras el ejército sudanés sigue combatiendo los paramilitares de las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), una de las peores crisis humanitarias del mundo está lejos de resolverse. Etiopía también ha sido acusada de apoyar a las RSF, algo que Adís Abeba niega.
El Cuerno de África está cada vez más inestable. Somalia continúa luchando contra la insurgencia terrorista de Al Shabab donde Etiopía se estaría preparando para retirar más de 3.000 soldados desplegados en territorio somalí, según Bloomberg.
Mientras tanto, potencias del Golfo como Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita compiten por ampliar su influencia en toda la región. Con actores extranjeros respaldando distintas alianzas que se extienden desde Sudán hasta el mar Rojo, cualquier acontecimiento podría provocar una reacción en cadena para toda la región.
En medio de las tensiones, la Unión Africana intenta evitar una crisis mayor en la región. En un comunicado emitido tras las expulsiones diplomáticas del jueves, la Comisión de la Unión Africana instó a Etiopía, Eritrea y Egipto a ejercer la "máxima moderación" y resolver sus diferencias mediante el diálogo en lugar de la confrontación.
"Por muchas justificaciones que se presenten", el derramamiento de sangre no puede ser una respuesta sostenible a los problemas de la región, comenta a DW Arega Kebede, presidente de la región de Amhara. Kebede advierte de que el conflicto ya está causando muertes, desplazamientos y daños económicos, y pide un mayor diálogo, además de un papel más activo de líderes comunitarios y políticos en los esfuerzos de mediación y paz.
La diplomacia africana ahora se reúne en El Cairo, donde se celebra la VIII Cumbre de Coordinación de Mitad de Año de la Unión Africana. El encuentro es uno de los primeros grandes foros diplomáticos desde que estalló la crisis en Etiopía y podría ofrecer una oportunidad para conversaciones informales para la resolución de conflictos.
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Fuente: Deutsche Welle
