El sábado 7 de marzo, Donald Trump recibió en Miami a diez presidentes, una primera ministra y un presidente electo para presentar en sociedad su Escudo de las Américas, una iniciativa que busca oficializar una alianza militar y de seguridad para combatir el narcotráfico. El objetivo de la instancia sería compartir inteligencia para lograr derrotar a grupos criminales, coordinar operaciones y desmantelar carteles de la droga.
Más allá de la idea, lo que más llamó la atención fueron las notables ausencias de las dos principales potencias latinoamericanas (Brasil y México) y de Colombia. El presidente de este último país, Gustavo Petro, criticó el hecho de no haber sido considerados para la cita, sobre todo si se tiene en cuenta, dijo, que “en el caso de la cocaína, Colombia es esencial por su experiencia para erradicar” esta droga.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, salió este martes (10.03.2026) a aclarar que ella no fue invitada porque su país tiene ya acuerdos con Estados Unidos para combatir el crimen organizado. De cualquier modo, la imagen que quedó de la cumbre es la de una reunión de aliados políticos más que otra cosa.
“Existe claramente el riesgo de que esta iniciativa contribuya a profundizar divisiones dentro de la región”, dice a DW Sandra Pellegrini, analista sénior para América Latina de Armed Conflict Location and Event Data (ACLED). “La exclusión de países clave plantea dudas sobre el propósito de esta alianza. Que potencias regionales como México, Brasil o Colombia no hayan sido invitadas refuerza la percepción de que el bloque responde a afinidades políticas o ideológicas entre gobiernos, más que a un enfoque estrictamente operativo contra el narcotráfico”, agrega.
Aunque se presentó en esencia como un espacio para coordinar la lucha contra el delito, Escudo de las Américas también tiene los ojos puestos en China. “No permitiremos que influencias externas hostiles ganen terreno en este hemisferio y eso incluye al Canal de Panamá”, dijo Donald Trump en el encuentro, en una velada referencia al gigante asiático.
“Está claro que Washington está intentando reafirmar su influencia en América Latina a través de este tipo de iniciativas, y contrarrestar el avance económico y estratégico de China en la región”, apunta Florencia Rubiolo, directora de Insight 21, think tank de la Universidad Siglo 21 de Argentina.
“China es un socio económico fundamental e irremplazable para muchos países latinoamericanos. Dada la centralidad que tiene para la región, si el Escudo se percibe como un instrumento que está muy explícitamente alineado con los intereses estratégicos norteamericanos, es muy posible que algunos países opten por no integrarse”, estima la experta.
“Creo que sería un error ver este proyecto únicamente como una iniciativa contra el narcotráfico. La iniciativa parece formar parte de un esfuerzo más amplio por reposicionar a Estados Unidos como socio estratégico central en América Latina. Esto implica fortalecer alianzas políticas, promover acuerdos comerciales favorables y limitar la influencia de otras potencias globales, especialmente China”, confirma Pellegrini.
Sin embargo, la marcada cercanía política con EE. UU. de los gobernantes invitados, aparte de la ausencia de las principales potencias regionales —que tienen gobiernos de izquierda —, tiende un manto de duda sobre el futuro de la propuesta.
“Sin duda pierde gran parte de su peso si excluye a las dos principales economías de la región, que son México y Brasil, y además a un Estado fundamental en la agenda de seguridad latinoamericana como Colombia. Esto sugiere que el Escudo tiene más un carácter ideológico que verdaderamente algo de acercamiento regional”, dice Rubiolo.
“Un enfoque regional para luchar contra el narcotráfico sigue siendo esencial, ya que las rutas del narcotráfico y las redes criminales son profundamente transnacionales”, apunta Pellegrini. “En ese contexto, dejar fuera a países donde operan algunas de las organizaciones criminales más influyentes de la región limita inevitablemente el alcance potencial de cualquier iniciativa contra el narcotráfico”.
Para la especialista de ACLED, el futuro del Escudo dependerá mucho de que se sumen los países clave que ahora están ausentes. Además, sostiene, “el fuerte componente ideológico del proyecto lo vuelve vulnerable a cambios políticos en la región”.
Dado el enorme peso económico que ha adquirido China para América Latina, y el hecho de que equilibrar adecuadamente la relación con Pekín y Washington se ha convertido en un ejercicio imprescindible para los gobiernos de la región, ¿tiene alguna ventaja mostrarse tan afines con las ideas de Donald Trump?
“Una de las ventajas potenciales para los países que se sumen a esta iniciativa es el acceso a cierto apoyo político, económico y en materia de seguridad por parte de Estados Unidos. Lo hemos visto en Argentina, cuando Trump condicionó un rescate financiero a la victoria de Javier Milei en las elecciones legislativas”, dice Pellegrini.
“Podría resultar en un canal de acceso a la cooperación en inteligencia y seguridad, al apoyo tecnológico y logístico de Estados Unidos, a la cooperación en la lucha contra el crimen organizado transnacional y, por supuesto, a mostrar mayor proximidad política con Washington, que puede convertirse en un valor simbólico y diplomático”, apunta Rubiolo. Sin embargo, ambas expertas coinciden en que los efectos concretos de esta nueva idea de Trump son algo que solo el tiempo podrá dilucidar.
Fuente: Deutsche Welle

