Marco Enríquez-Ominami, excandidato presidencial chileno, exdiputado y coordinador del Grupo de Puebla, apura el té para seguir hablando. El tema lo apasiona: el futuro de la izquierda, las razones de la caída del progresismo en América Latina y de qué forma se puede reconstruir un sector arrasado por una ola derechista en casi todas las elecciones recientes, salvo en Brasil, Uruguay y México.
Para este político, que inauguró en Santiago de Chile una gira internacional de presentaciones del libro Espejo para príncipes (Fondo de Cultura Económica), la búsqueda de una respuesta debe abordarse desde distintos frentes. Uno de ellos, sostiene, es la utilización del derecho para bloquear liderazgos izquierdistas.
"Arrestaron a la excandidata presidencial ecuatoriana Luisa González. Yo estuve 11 años en tribunales, cuando marcaba 45 puntos en las encuestas, y fui declarado inocente en 13 causas. Lula da Silva estuvo preso. Cristina Fernández está presa. A Alberto Fernández le inventaron causas. Luis Arce está preso por una causa del 2012. Se me olvida la lista, es bien impresionante", afirma.
¿Y eso solo por ser de izquierda?
Nosotros denunciamos el lawfare, pero hay casos de corrupción, evidentemente. De cualquier modo, me parece que en Francia lo resolvieron mejor. A Marine Le Pen la condenaron por corrupción, pero la dejaron competir. Los jueces señalaron que, cuando estás tan cerca de una elección, quien tiene que zanjar es el pueblo. En esta materia, en América Latina hay un descuido total del proceso y cómo la justicia interviene en él.
Si hay corrupción bien vale entonces una autocrítica.
Yo no soy un militante fanático, pero no utilicen la corrupción, porque también podría decirte que, cuando salieron los Panama Papers, no había un solo izquierdista ahí, pero sí están Mauricio Macri y Sebastián Piñera… En fin, lo que quiero decir es que la ofensiva penal es un elemento.
Evidentemente, hay un problema con el algoritmo. Hay denuncias de funcionarios de Meta diciendo que tenían instrucciones para frenar los contenidos de Lula. Yo he visto también cómo las redes sociales limitan la participación en la política, pero vamos a la parte más difícil de la respuesta: en las democracias liberales representativas hay una gran demanda de autoridad.
¿Y el progresismo no ofrece una respuesta a esa demanda?
El nuevo progresismo está en la deconstrucción de su relación con el pueblo. Tiene dudas a la hora de ejercer la autoridad. Y frente a Milei, Trump, Noboa, Meloni, tienes a unos progresistas diciendo que no saben si la policía debe reprimir cuando hay desórdenes más allá del derecho a la protesta. Creo que hay algo en el ejercicio de la autoridad que a nosotros todavía nos cuesta discutir.
¿Ese es un terreno donde la derecha se muestra más competente?
No creo que la derecha lo haga mejor, creo que la izquierda lo hace mal, que no es exactamente lo mismo. Piensa en el caso de Chile: entre el 2019 y el 2022, la izquierda lo tenía todo. Sacamos dos tercios, 15 de 16 gobernadores. Habíamos ganado la llamada "batalla cultural".
El despilfarro, el mayor despilfarro. La cantidad de imbecilidades que se hicieron… También pienso que hay fatiga democrática. Y cuando esto ocurre, tú buscas refugio. Mientras la izquierda te está diciendo "transformación, nueva constitución, justicia social, impuesto a la robotización", la derecha te dice "yo soy certeza".
¿Qué importancia tiene el factor religioso en el avance de la derecha?
Mucha. En mi libro hablo sobre el "dividendo del mentiroso", que no busca que les crean a ellos, sino que no le crean a nadie. Veamos el aborto, que es una de las grandes causas de la iglesia evangélica. Lo que nos mata en ese debate es la complejidad. Yo fui el primer diputado en la historia de Chile en legislar sobre aborto, pero no tenía cómo ganar ese debate. Me decían que yo era promuerte y yo respondía que no, que yo quería despenalizar el artículo tanto del Código Penal, incisos tal, tal y tal. Y ahí ya nadie me prestaba atención, era muy enredado el tema. Es mucho más difícil ser de izquierda que de derecha.
¿Hay alguna autocrítica desde su sector, han llegado a la conclusión de que quizás la derecha hizo bien en escoger mensajes más simples?
Yo me paso todo el día en esto y coordino el Grupo de Puebla. Trabajo con 23 países, estoy en todos los procesos electorales. Solo hablo de esto, es mi único tema. Todos los días hablamos de esto con políticos de todo el continente.
(Piensa) Es difícil de decir… No porque no quiera… No sé si hoy día estamos en eso.
¿Qué tienen en común Milei, Kast y De la Espriella?
Mucho. La estrategia de todos ellos es dibujarse como personas que vienen de fuera de la política. Da lo mismo si es verdad o no. Es la idea de que son exitosos fuera de la política y por tanto lo serán dentro de la política. Es una metáfora muy antigua.
¿Le falta mística a la izquierda o solo pasa por un mal momento?
En otra entrevista dije que la izquierda chilena está esperando que caiga Kast para existir, pero creo que es un mal camino y yo por eso estoy dedicado a la formación, porque me puse en otra dinámica. No estoy dispuesto a sentarme a esperar que se hunda la derecha mientras le hace daño al país.
Usted acaba de lanzar un libro sobre campañas políticas. ¿Qué concepto podría usar la izquierda para volver a ser exitosa?
Nosotros tenemos que recuperar la legitimidad en materia de crecimiento económico. Esa es mi tesis. Fue lo que hice en las elecciones presidenciales de 2025, y me fue pésimo. Yo hablé solo de economía en los debates y me negué a competir por la seguridad y hablé del desempleo. ¿Cuál es el tema hoy en Chile? El desempleo. Pero la gente votó pensando en la seguridad.
Pero ese es un fenómeno regional. En muchos países se vota por la seguridad incluso en desmedro de la libertad.
Y lo vimos en Brasil, donde el manejo económico fue bueno y, sin embargo, la elección fue sobre la seguridad. Pese a todo, creo que no podemos abdicar, es una batalla que hay que dar. Lo que pasa es que no estamos de acuerdo porque parte de la izquierda no se atreve a hablar de economía porque no sabe o no se siente cómoda.
Pero tampoco hablan de inmigración ni de otros temas que le importan a la gente. ¿Cómo pretenden recuperar el poder?
A mí no me sirve en una entrevista solo hablar de autoflagelación, porque es darle en el gusto a la derecha. Por eso hay que hablar de planes. Yo creo que estamos complicados, que la situación para nosotros está muy difícil. Es un momento muy antipático, porque además la gente más humilde está con la derecha.
Así visto, ¿qué representa la izquierda hoy?
Hay suficiente evidencia en el mundo de que no funciona la idea de reducir impuestos para que llegue inversión. Y también está claro que no funciona salvarse solo. La pandemia nos mostró que estas peleas se dan en sociedad. Todos entendíamos que no teníamos que ver a nuestras madres porque las podíamos matar y estuvimos de acuerdo en que las vacunas fueran gratuitas. Esa concepción de sociedad se perdió porque después del COVID solo hubo incertidumbre.
¿Afectan a la izquierda figuras como Maduro, Ortega o Díaz-Canel?
El proceso del 2024 en Venezuela fue gravísimo. No hubo ninguna evidencia de que la elección se hubiera ganado y se afirmó que se había ganado. Afectó mucho. Pero no es la explicación. Hoy la derecha es más refugio que nosotros y yo creo que hay una gran demanda de refugio, eso es. Que quede claro: yo creo que los gobiernos de derecha son un desastre, pero se venden como un valor refugio para un cierto tipo de electores y en cambio nosotros somos, en ese escenario, la discusión permanente.
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Fuente: Deutsche Welle
