Müge Tuzcu Karakoc lo tiene claro: sin un curso de integración, probablemente no habría llegado realmente a Alemania. La periodista turca lleva siete años viviendo en este país. Pero no fue hasta 2024, cuando estudiaba alemán a diario junto a ucranianos, sirios e iraníes, que el país en el que vive le abrió las puertas, explica: “Allí aprendimos más de un idioma. Gracias a este curso, conseguí integrarme en la vida cotidiana y me di cuenta de que tengo una oportunidad aquí en Alemania”.
El Ministerio del Interior alemán ya no tiene intención de conceder esta oportunidad a todos los refugiados en el futuro. Las solicitudes de refugiados de Ucrania, solicitantes de asilo, personas con estatus de toleradas y migrantes de la Unión Europea no se aprobarán hasta nuevo aviso; tendrán que pagar los 1.600 euros que cuesta el curso de integración de su propio bolsillo. Solo si la Oficina de Empleo, la Oficina de Inmigración o la Oficina de Bienestar Social lo exigen, la Oficina Federal de Migración y Refugiados (BAMF) cubrirá los costos.
Una decisión que la periodista turca de 42 años no puede comprender. “Ahora mismo, siento que Alemania está dando un paso atrás. Si los migrantes no pueden participar en la vida cotidiana, los problemas solo empeorarán. Cerrar los cursos de integración no hace que los migrantes desaparezcan”, dice a DW.
Petra Martin es la mujer que jugó un papel crucial para ayudar a Tuzcu Karakoc a abrir las puertas a su nuevo hogar. Desde finales de 2022, ha impartido cursos de integración a cientos de migrantes, preparándolos para la vida en Alemania. La decisión del Ministerio del Interior también pilló desprevenida a esta instructora autónoma.
“Estos cursos son absolutamente esenciales. Alguien que no habla alemán no tiene ninguna oportunidad en esta sociedad. Si las personas no están integradas y, por ejemplo, no saben cuál es el salario mínimo en Alemania, aceptarán el siguiente trabajo mal pagado y se verán relegadas”.
Los cursos de integración suelen constar de 700 horas de instrucción: los migrantes aprenden principalmente el idioma, pero el plan de estudios también abarca el sistema legal alemán, la historia, la cultura y el desarrollo social. Es un modelo que ha demostrado ser exitoso durante 20 años; casi cuatro millones de personas han participado en los cursos hasta la fecha.
“Con este acceso más difícil, Alemania está enviando una señal equivocada, porque necesitamos a estas personas: en hospitales, en residencias de ancianos y en el sector público”, critica Martin. “Los migrantes quieren formar parte de este país, entender Alemania y trabajar aquí. Siempre pienso: “¡Dios mío, cuánto aportan! Y los estamos frenando”.
En respuesta a una consulta de DW, el Ministerio del Interior, dirigido por Alexander Dobrindt, del partido conservador CSU, escribe:
“Estamos respondiendo a la reducción de las cifras de migración y recortando gastos. Al hacerlo, estamos disminuyendo incentivos perversos y estableciendo prioridades. Los cursos de integración están disponibles principalmente para quienes pueden permanecer permanentemente en Alemania”.
“El principio sigue siendo el mismo: quienes pueden quedarse permanentemente deben recibir apoyo para aprender el idioma y orientarse rápidamente”, zanja la autoridad.
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Natalie Pawlik, política del partido socialdemócrata SPD, es la Comisaria del Gobierno alemán para Migración, Refugiados e Integración. Los medios alemanes no paran de entrevistarla, pues la decisión del Ministerio del Interior está causando revuelo. Pawlik también considera que es errónea, especialmente porque contradice el acuerdo de la coalición de Gobierno de invertir más en integración y continuar con estos cursos.
Según ella, desde la perspectiva de la política de integración, es absurdo exigir una mayor integración a las personas y, al mismo tiempo, negarles la oportunidad de conseguirla. Esto socava lo que ha demostrado ser exitoso en Alemania por décadas: “Aprender alemán no es el resultado, sino el requisito previo para una integración rápida y exitosa. El apoyo lingüístico no debe depender de un pronóstico incierto sobre las futuras perspectivas de residencia”.
Lo que preocupa especialmente a Natalie Pawlik es que, a largo plazo, Alemania se está perjudicando a sí misma. Ha hablado con muchos empleadores y agencias de empleo, y todos le dicen lo mismo: por debajo del nivel B1 de alemán, es muy difícil encontrar trabajo; el idioma es el requisito fundamental para afianzarse en el mercado laboral de Alemania.
“Se están erigiendo obstáculos innecesarios, lo que, en última instancia, provocará que las personas dependan de prestaciones sociales durante más tiempo y les resulte más difícil llevar una vida independiente aquí”, dice. Esto también es problemático desde el punto de vista económico. Además de pagar esas prestaciones, el Estado pierde ingresos fiscales.
Fuente: Deutsche Welle
