Mientras los políticos israelíes comienzan a negociar la formación de un gobierno de coalición tras unas elecciones sin un vencedor claro, la reacción de los dirigentes de los países árabes vecinos ha sido discreta o prácticamente inexistente.
Esto puede deberse a que, por ahora, sigue sin estar claro si el nuevo gobierno de Israel mantendrá la línea habitual del actual primer ministro, Benjamín Netanyahu, o si una nueva coalición encabezada por sus adversarios adoptará una postura más moderada en política interna.
Sea cual sea el desenlace, existe consenso en que difícilmente habrá cambios significativos en la política exterior de Israel hacia países vecinos como Siria, Líbano, Jordania y Egipto, ni tampoco hacia los países del Golfo. Tampoco se espera una transformación profunda en la política israelí respecto a los palestinos, una cuestión que sigue despertando fuertes emociones entre muchas poblaciones árabes de la región.
Si un nuevo gobierno fuera formado por el llamado bloque "anti-Netanyahu", encabezado por el líder opositor Gadi Eisenkot, tampoco se anticipan cambios sustanciales en política exterior.
"Un gobierno de Eisenkot probablemente sería políticamente frágil, lo que limitaría su margen de maniobra", escribió la semana pasada en un análisis la analista Beth Oppenheim, investigadora del programa sobre Oriente Medio y el Norte de África del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR).
Oppenheim añade en su nota que, "en política exterior, no habría una transformación fundamental. La doctrina de seguridad de Netanyahu tras el 7 de octubre, basada en neutralizar amenazas de forma preventiva, actuar mucho más allá de las fronteras israelíes y mantener zonas de seguridad en territorios vecinos, ha sido asumida por casi todos los partidos judíos israelíes".
Uno de los carteles de campaña del partido Likud de Netanyahu mostraba un mensaje contundente: "La derecha o Palestina". La idea era transmitir que, si los votantes no elegían a Netanyahu y a sus aliados conservadores, sus adversarios serían demasiado complacientes con los partidos árabes israelíes y abrirían la puerta a la creación de un Estado palestino.
Sin embargo, algunos analistas consideran que ese mensaje es exagerado y que la solución de dos Estados se encuentra prácticamente muerta.
En agosto de este año, el propio Eisenkot afirmó que "no habrá un Estado palestino con el gobierno que formemos".
No obstante, un Ejecutivo liderado por Eisenkot tendría que cooperar con fuerzas más progresistas que históricamente han respaldado la solución de dos Estados. Además, cualquier nueva coalición podría necesitar el apoyo de los partidos árabes israelíes, que actualmente habrían aumentado su representación parlamentaria hasta unos 17 escaños.
Un gobierno menos extremista reduciría el discurso religioso en la política, podría mostrarse menos exigente respecto a las condiciones para el desarme de Hamás en Gaza y tendría más posibilidades de avanzar en la siguiente fase del alto el fuego acordado a finales de 2025, aunque apenas aplicado hasta ahora. También podría hacer más para contener la violencia de los colonos israelíes en Cisjordania.
Tras el ataque de Hamás del 7 de octubre y la posterior campaña militar israelí, que ha dejado al menos 70.000 palestinos muertos y devastado gran parte de Gaza, Arabia Saudita endureció sus condiciones para normalizar relaciones con Israel.
La semana pasada, durante una reunión de ministros de Exteriores de Arabia Saudita, Pakistán, Turquía y Egipto,los saudíes suscribieron un comunicado conjunto que calificaba a Israel como "la fuente fundamental de inestabilidad en la región y más allá".
No obstante, existen contactos discretos entre ambos países. Los analistas consideran que, si Israel tuviera un Gobierno menos radical que el actual, países como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Jordania y Egipto tendrían más margen político para reconocer públicamente parte de esa diplomacia realizada entre bastidores.
Según un estudio publicado la semana pasada por el centro de análisis sirio Etana, las tropas israelíes han penetrado hasta 1.160 kilómetros cuadrados dentro de territorio sirio desde la frontera disputada entre ambos países. Además, habrían ocupado unos 400 kilómetros cuadrados y realizado 1.996 operaciones terrestres en el suroeste de Siria entre enero y septiembre de este año.
Ksenia Svetlova, investigadora asociada de Chatham House y exdiputada israelí explicó al medio Syria in Transition que una retirada israelí de Siria era impensable antes de las elecciones, porque se habría interpretado como una derrota.
Sin embargo, si el bloque anti-Netanyahu alcanzara el poder, la situación podría cambiar. "Un acuerdo de seguridad con Siria sería más probable, ya que muchos integrantes potenciales de un Gobierno más centrista se han mostrado favorables a esa idea en el pasado", argumentó Svetlova. También advirtió que el proceso requeriría tiempo porque una nueva coalición sería atacada constantemente por la extrema derecha.
Analistas y comentaristas libaneses consideran que Beirut preferiría ver en el poder al bloque opositor liderado por Eisenkot.
Líbano e Israel siguen negociando una retirada israelí del sur del país, donde Israel asegura haber establecido una "zona de seguridad" para combatir a Hezbolá. Las autoridades libanesas sostienen, por el contrario, que se trata de una invasión.
En los debates sobre el desarme de Hezbolá y la retirada de tropas israelíes, existe la percepción entre diversos sectores políticos libaneses de que Eisenkot sería un interlocutor más manejable que Netanyahu y sus aliados más radicales.
Los comentaristas libaneses también señalan que Eisenkot, antiguo jefe del Ejército israelí, podría tener más afinidad con el actual presidente libanés, Joseph Aoun, quien también dirigió las Fuerzas Armadas de su país.
"Cuando Netanyahu fue desalojado del poder entre 2021 y 2022 por Naftali Bennett y Yair Lapid, que ahora forman parte del campo político de Eisenkot, pudimos negociar y cerrar el acuerdo marítimo", declaró un funcionario libanés al diario L'Orient Today, en referencia al pacto alcanzado en 2022 para compartir áreas marítimas en alta mar.
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Fuente: Deutsche Welle
