El senador de ultraderecha y candidato del Partido Liberal (PL) Flávio Bolsonaro, de 45 años, llega a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil, el próximo 25 de octubre, con una ventaja "inesperada" de casi dos puntos porcentuales en la primera vuelta. El hijo mayor y heredero político del expresidente Jair Bolsonaro promete "reformas constitucionales para redemocratizar Brasil" y los sondeos más recientes amplían su ventaja hasta entre cuatro y cinco puntos.
"Este país no puede perder la democracia", ha advertido el presidente de izquierda y candidato del Partido de los Trabajadores (PT) a la reelección para un cuarto mandato, Luiz Inácio Lula da Silva, de 80 años. Cientos de miles de simpatizantes lo acompañaron el fin de semana pasado en las calles de São Paulo, donde llamó a movilizar a los más de 30 millones de brasileños que no acudieron a las urnas en primera vuelta.
Gane quien gane, "el comportamiento del perdedor y de su entorno será una prueba central de la resiliencia institucional brasileña y de su calidad democrática", advierte a DW la analista argentina Carolina Zaccato, profesora de Relaciones Internacionales en la IE University, en Madrid. La aceptación del resultado "tendrá un efecto demostración en una región donde varias democracias enfrentan tensiones y alta polarización".
Las "fuerzas bolsonaristas" salieron reforzadas de las elecciones legislativas y locales. Cuentan con la mayor bancada en el Congreso y el Senado, señala a DW Elayne Whyte, exviceministra de Exteriores y exembajadora de Costa Rica ante la ONU. Si consolidan su triunfo en las presidenciales, tendrían "un Gobierno con capacidad de llevar adelante su agenda sin control político". El control tendría que ser judicial y jurisdiccional, como ha ocurrido con el Gobierno de Donald Trump en EE. UU.
Y habría que "observar la relación de Flávio Bolsonaro con el Supremo Tribunal Federal, y la real autonomía que detentará el Poder Judicial, en particular, en lo que respecta al destino judicial de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión por la trama golpista", agrega Zaccato.
Una victoria de Bolsonaro en Brasil ―la principal economía, y el país con más población y territorio de la región― "consolidaría un giro regional hacia la derecha que ya es evidente", observa la internacionalista argentina. Ante un fuerte voto de castigo a los oficialismos, la inseguridad, el estancamiento económico y el desgaste de los partidos tradicionales, solo México, Guatemala y Uruguay conservarían gobiernos de izquierda elegidos democráticamente (aparte de los regímenes de Venezuela, Cuba y Nicaragua).
Sin embargo, la proyección internacional de estas fuerzas en auge no estaría definida por su "signo ideológico", sino por su "enfoque antisistema", opuesto al orden democrático constitucional, precisa Whyte, hoy profesora de la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados (SAIS) de la Universidad Johns Hopkins "Buscan ejercer el poder con menos controles políticos, constitucionales, institucionales; con fronteras más borrosas entre los negocios personales y los asuntos públicos", explica.
En juego podría estar entonces, en el peor de los casos, una amenaza de retirada del país de la Corte Penal Internacional (CPI), como ha puesto sobre la mesa el presidente Abelardo de la Espriella en Colombia. O su subordinación a las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC), de las que Estados Unidos se retrae con sus guerras comerciales, pero por las que se sigue rigiendo más del 70 % del comercio mundial, ilustra Whyte.
Una remontada de Lula, por el contrario, dejaría un Gobierno políticamente más restringido, dependiente de alianzas en el Congreso. Pero con "un gran aprecio por el orden multilateral, la soberanía y la defensa de la democracia", así como una visión de Brasil como "puente entre el sur global y Occidente", resume a DW el experto brasileño en economía política y del desarrollo Samuel Siewers, investigador del Instituto GIGA de Estudios Latinoamericanos de Hamburgo.
Otro tema en juego, en esta elección, es la "autonomía estratégica" de Brasil, en una región caracterizada por un "alineamiento asimétrico" con EE. UU. en materia de seguridad, comercio y relaciones con potencias extrarregionales como China, apunta la exdiplomática Whyte.
"Un Brasil bajo Bolsonaro sería una incorporación de peso al Escudo de las Américas y prácticamente consolidaría el dominio de EE. UU. sobre el hemisferio", pronostica Siewers. Así, el Gobierno brasileño priorizaría el diálogo con aliados regionales como Javier Milei, en Argentina, y Nayib Bukele, en El Salvador, "bajo la batuta de Washington", opina.
Para Zaccato es "altamente probable" que una elección de Bolsonaro reste impulso a espacios como la CELAC, o a la dimensión política del Mercosur, mientras reduzca las tensiones comerciales con EE. UU., busque avanzar en una agenda de explotación y comercialización de minerales críticos, y acelere una agenda de seguridad compartida con el Gobierno de Trump.
Esto dejaría a la región como un bloque más homogéneo en torno a las prioridades de EE. UU., con la migración, el narcotráfico y la competencia con China en el centro. Al mismo tiempo," la región avanzaría hacia una mayor fragmentación, con alineamientos bilaterales ubicados por encima de la coordinación colectiva", avizora la analista argentina. Aunque Brasil tiene intereses estructurales, como su comercio con China ―clave también para buena parte de América Latina―, su peso en el Mercosur y su tradición diplomática autónoma, que "moderan cualquier giro brusco", acota.
Un eventual Gobierno de Lula ―que defiende la integración regional y la cooperación Sur-Sur, además de haber dado especial relevancia al acuerdo entre el Mercosur y la UE―, mantendría una relación más conflictiva con EE. UU., aunque "pragmática", coinciden los expertos consultados por DW.
No obstante, a corto plazo, y gane quien gane en Brasil, habrá que estar pendiente de una variable adicional, advierten también: las elecciones legislativas del 3 noviembre en Estados Unidos. "Su resultado puede modificar drásticamente el margen de maniobra y de acción de Donald Trump y, con él, la intensidad de su política hacia la región latinoamericana", prevé Zaccato. Si los demócratas retoman control en el Capitolio, agrega Whyte, los diplomáticos latinoamericanos podrían tener incluso que negociar a dos bandas.
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Fuente: Deutsche Welle

