Por Fellito Suberví
Cuando el agua llega a nuestra casa, resolvemos lo que tenemos pendiente. Lavamos, limpiamos, llenamos los recipientes y seguimos con el día. Pero a veces dejamos una llave abierta más tiempo del necesario o permitimos que el tinaco se desborde porque ya nosotros tenemos agua. En ese momento pocas veces pensamos en la familia que todavía está esperando que le llegue, por una razón u otra.
Tenemos que mirar el servicio más allá de nuestra puerta. Compartimos un sistema de abastecimiento y todos necesitamos que funcione. Que una casa tenga agua no significa que podamos desperdiciarla sin preocuparnos por lo que ocurre alrededor.
Ahora bien, quiero dejar algo claro: a nosotros nos corresponde trabajar para que el servicio llegue a la gente. No podemos poner sobre una familia la responsabilidad de que otra no reciba agua. Desde la CAASD tenemos que atender las averías, mejorar la distribución y responder a las comunidades. Pedir que se ahorre no sustituye ese trabajo.
Pero también necesitamos colaboración. Si hacemos el esfuerzo de llevar el agua hasta un sector y dejamos que se pierda por una manguera abierta o una cisterna desbordada, estamos desaprovechando un recurso que hace falta. Por eso insisto en que lo cuidemos cuando está llegando, no solamente cuando comienza a escasear.
Pensemos en algo que pasa en cualquier barrio. Un vecino tiene que salir temprano a trabajar y necesita dejar agua en su casa. En otra vivienda hay niños pequeños o una persona mayor que requiere cuidados. Cada familia tiene sus necesidades, aunque nosotros no las conozcamos.
Cuidar el agua también tiene que ver con eso. Con entender que el servicio que yo necesito es tan importante como el que necesita el otro. No hace falta conocer al vecino para cerrar una llave que estamos dejando correr sin uso.
En la casa podemos empezar por revisar cómo almacenamos el agua, estar pendientes mientras llenamos los tanques y reparar las pérdidas que ya conocemos. Si necesitamos guardar agua, hagámoslo con cuidado, sin dejar que se desborde. Son decisiones que podemos tomar sin esperar a que alguien venga a recordárnoslo.
A nosotros también nos toca escuchar. Cuando una comunidad reporta dificultades, necesita respuesta, seguimiento e información. La colaboración se fortalece cuando la gente ve que su esfuerzo está acompañado por el trabajo de la institución.
El agua que ahorramos no lleva el nombre de quien la va a necesitar. Tampoco podemos prometer que cerrar una llave resolverá por sí solo el problema de otra vivienda. Pero evitar el desperdicio es una forma de cuidar lo que compartimos.
Nosotros seguiremos teniendo una responsabilidad con el servicio. Y cada uno puede ayudar desde su casa, pensando que, además de lo que necesita su familia, hay otras familias esperando agua.
Fuente: CAASD

