Difícil equilibrio en Francia: ahorrar pese a las protestas

Difícil equilibrio en Francia: ahorrar pese a las protestas

El fin de semana seguramente no ha sido tranquilo para el primer ministro francés, Sébastien Lecornu. Desde hace casi dos semanas, los estudiantes protestan en Francia contra las constantes cancelaciones de clases, las aulas masificadas y los edificios escolares en mal estado.

La movilización se ha visto ensombrecida por graves disturbios. El Gobierno acusa al partido de izquierdas La France insoumise (LFI) de instrumentalizar políticamente las protestas y de avivar los bloqueos. Para el martes 6 de octubre de 2026 está prevista una jornada de manifestaciones a nivel nacional.

En una carta dirigida a varios ministros, Lecornu ha exigido propuestas concretas: las clases canceladas deberán recuperarse con mayor rapidez, los edificios deberán adaptarse a los veranos cada vez más calurosos y el controvertido procedimiento de admisión universitaria, conocido como "parcoursup" por el nombre del portal web en el que se implementa, deberá ser más transparente.

Las primeras decisiones, junto con su financiación y calendario, deberán tomarse en octubre. El problema es que el aliado de Emmanuel Macron, Lecornu, tiene que prometer a los jóvenes más prestaciones por parte del Estado, mientras el Gobierno acaba de imponer al país un presupuesto de austeridad.

El jueves 1 de octubre de 2026, el Gobierno presentó en el Parlamento un proyecto de presupuestos para 2027 enfocado en el ahorro. Francia debe tratar de acercar su déficit fiscal al límite del 3 por ciento que marca la UE.

El proyecto es también una señal para los mercados financieros. El Gobierno quiere demostrar "que asume su responsabilidad" y que se ha marcado una vía para reducir el déficit, comenta a DW Eileen Keller, del Instituto Franco-Alemán (dfi) de Ludwigsburg.

El Gobierno quiere ahorrar en la propia Administración, en las entidades territoriales, pero también en el ámbito social. Solo en las pensiones, están previstos recortes de unos 5.500 millones de euros, pero también se reducirá el gasto sanitario.

Lo que no está claro es que los presupuestos lleguen siquiera a aprobarse en esta forma. El Gobierno de Lecornu no cuenta con mayoría propia en el Parlamento y depende de los votos de la oposición.

El presupuesto educativo aumentará en unos 1.200 millones de euros en 2027. Al mismo tiempo, el Gobierno calcula que para 2035 habrá unos 1,7 millones menos de alumnos. Pero, para Eileen Keller, el dinero es solo una parte del descontento que agita las protestas. Otras cuestiones tienen que ver con las "prioridades" y la orientación general del sistema educativo, con la transición de la escuela a la universidad, por ejemplo.

En Francia se añade, además, otro factor: los mercados financieros. Durante muchos años, el país se acostumbró a financiar su elevada deuda a tipos de interés relativamente bajos. Pero esos tiempos han terminado. El rendimiento de los bonos del Estado franceses a diez años ha aumentado considerablemente recientemente. El diferencial de tipos respecto a los bonos alemanes llegó temporalmente a unos 1,5 puntos porcentuales, el nivel más alto desde la crisis de deuda del euro de 2011.

El escepticismo de los mercados afecta a Francia en una situación especialmente delicada. Con una deuda equivalente a alrededor del 119 % del producto interno bruto, Francia está casi el doble de endeudada que Alemania, cuyo ratio de endeudamiento se sitúa en torno al 64 %.

Paso a paso, los antiguos bonos del Estado, emitidos todavía a tipos de interés muy bajos, tienen que ser sustituidos cada vez más por nuevos títulos, más caros. Las consecuencias son claramente visibles en los presupuestos de 2027. Con unos 74.000 millones de euros, el Estado tendrá que destinar más dinero al pago de intereses del que puede gastar en educación escolar o defensa. Según el ministro de Finanzas, Roland Lescure, los pagos de intereses ya consumen más de la mitad del déficit presupuestario total.

Para Keller, por eso es fundamental que Francia siga siendo percibida por los inversores como un "deudor creíble". Porque esa credibilidad ya no depende únicamente de los datos económicos. En la primavera de 2027, los franceses eligen nuevo presidente. "La campaña electoral, que ahora está ganando intensidad, está bajo la observación de los mercados financieros", dice Keller.

Francia es un caso especialmente agudo. Pero en muchos otros países europeos existe actualmente una disputa sobre la consolidación presupuestaria y la financiación del Estado. Europa quiere gastar más en defensa, modernizar sus infraestructuras e invertir en la transición energética. Al mismo tiempo, las expectativas de los ciudadanos en materia de educación, pensiones o sanidad no disminuyen.

En Francia, este conflicto puede observarse actualmente casi en tiempo real. No se trata únicamente de si el Gobierno consigue responder a las demandas de los jóvenes, sino también de si logra evitar una nueva escalada de la violencia. En París, se teme una nueva movilización social de gran amplitud, como la que protagonizaron en su día los chalecos amarillos. Para el primer ministro, Sébastien Lecornu, los próximos días serán una gran prueba de fuego.

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Fuente: Deutsche Welle

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