De Medellín a Jarabacoa, el poder de las flores como imán turístico

De Medellín a Jarabacoa, el poder de las flores como imán turístico

Cada año, cuando llega junio, Jarabacoa vuelve a vestirse de colores. Las flores toman protagonismo, las calles se llenan de visitantes y la llamada Ciudad de la Eterna Primavera encuentra una nueva oportunidad para mostrar su riqueza natural, cultural y turística a miles de personas que llegan desde distintos puntos del país y del extranjero.

Desde sus inicios, el Festival de las Flores ha sido ampliamente reseñado por la prensa nacional. Sin embargo, más allá de los desfiles, los arreglos florales y las actividades culturales, el evento me hizo plantear la siguiente pregunta: ¿pueden las flores convertirse en un motor de desarrollo para una ciudad?

Para dar respuesta hay que ver ejemplos como el de Medellín, Colombia, ciudad invitada en esta decimoquinta edición del festival. Al igual que Jarabacoa, Medellín también es conocida como la Ciudad de la Eterna Primavera y ha logrado convertir su Feria de las Flores (con 69 años de celebración) en uno de los principales atractivos turísticos de Colombia. Solo en 2024, reunió a más de dos millones de asistentes y generó un impacto económico superior a los 42 millones de dólares, además de impulsar la ocupación hotelera y el comercio local.

Aunque las dimensiones son distintas, el fin es el mismo. Tanto en Medellín como en Jarabacoa, las flores sirven de punto de encuentro para promover la identidad local, atraer visitantes y dinamizar sectores como la gastronomía, la artesanía, la hotelería, el transporte y los servicios turísticos.

En Jarabacoa, el festival se ha convertido en una plataforma donde productores, emprendedores, artesanos y comerciantes muestran lo mejor de una comunidad que ha encontrado en la naturaleza uno de sus principales activos. La afluencia de visitantes beneficia directamente a hoteleros, restaurantes, guías turísticos y pequeños negocios que encuentran en estos días una de las temporadas más dinámicas del año.

Pero quizás el mayor valor de este tipo de celebraciones no puede medirse únicamente en cifras. Los festivales ayudan a construir una marca de ciudad. Generan contenido para redes sociales, atraen la atención de medios de comunicación y posicionan destinos que compiten por captar visitantes en un mercado turístico cada vez más diverso.

Uno de los momentos más esperados de esta edición fue el tradicional Desfile de la Flor, que llenó la avenida La Confluencia de creatividad, música y color. Carrozas, comparsas y representaciones artísticas recorrieron la vía principal ante miles de espectadores, confirmando el poder de convocatoria que ha alcanzado el evento en sus 15 años de historia.

Fuente: MITUR

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