"La vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad" fueron los "derechos inalienables" en los que se centraron los fundadores de Estados Unidos cuando declararon la independencia de Gran Bretaña el 4 de julio de 1776.
Desde entonces, los gobiernos estadounidenses han afirmado que preservar los ideales de la democracia, los derechos humanos y las libertades fundamentales son los principales motores de la política exterior del país.
Sin embargo, los estadounidenses tienen cada vez más dudas sobre si Estados Unidos ha estado a la altura de sus valores fundacionales. En 2024, el 72 por ciento de los estadounidenses encuestados afirmó que la democracia en el país norteamericano "solía ser un buen ejemplo, pero ya no lo ha sido en los últimos años".
DW analiza cómo han cambiado los objetivos y las tácticas de la política exterior del país a lo largo de 250 años.
Las politólogas Monica Duffy Toft y Sidita Kushi han identificado más de 500 intervenciones militares de EE. UU. en los últimos 250 años.
"Si bien en el pasado Estados Unidos asumía que muchos de sus rivales actuaban de manera racional, en la era posterior al 11 de septiembre esa creencia en la racionalidad de sus enemigos parecía haberse desvanecido", apunta Kushi, profesora adjunta del Mount Holyoke College.
"La idea en ese entonces era: 'Si no podemos razonar con nuestros enemigos, si no podemos recurrir a la diplomacia con ellos, lo único que nos queda es la violencia; lo único que nos queda es el uso de la fuerza'", explica la académica. "Y, con un presupuesto del Departamento de Defensa que creció drásticamente y uno del Departamento de Estado que se redujo drásticamente en el mundo posterior al 11 de septiembre, lo que pasó fue que dijeron: si lo único que tienes es un martillo, todo se ve como un clavo", agrega, en entrevista con DW.
Aunque América Latina ha sido, de manera más constante, escenario de las intervenciones estadounidenses desde principios del siglo XIX, los países de Asia, incluido el Medio Oriente, han sido objeto de una atención cada vez mayor en las últimas décadas.
"Se observa un claro cambio en nuestros datos: Estados Unidos está orientando muchas de sus intervenciones hacia el Medio Oriente, el norte de África y África subsahariana", afirma Kushi.
No solo los intereses regionales han cambiado, también los objetivos han variado con el tiempo. La década de los noventa del siglo pasado fue "la era del intervencionismo humanitario en la política exterior de EE. UU", dice Kushi, y agrega que en Somalia y los Balcanes, por ejemplo, EE. UU. habría luchado "contra atrocidades humanitarias".
"Muchas de estas intervenciones en el conjunto de datos sí muestran que otros países solicitaron a EE. UU. que interviniera militarmente", prosigue.
Desde 2001, "mantener o consolidar la autoridad de un régimen extranjero" ha sido uno de los principales motivos de las intervenciones militares de Estados Unidos, según los datos recopilados por Kushi y Toft.
Tan solo este año hemos visto dos ejemplos en los que se buscó derrocar a un régimen extranjero: el secuestro del entones presidente venezolano, Nicolás Maduro, en enero, y el inicio de la guerra contra Irán, en febrero.
Por otro lado, la "protección económica", que en su momento fue el objetivo principal de las intervenciones militares, ha perdido importancia desde la Segunda Guerra Mundial.
No es que los intereses económicos ya no fueran relevantes o no valiera la pena protegerlos, sino que parece que la estrategia para alcanzar ese objetivo cambió: desde la década de 1960 y especialmente durante los años 80, el gobierno de EE. UU. firmó cada vez más tratados comerciales, según el proyecto "Measuring American Diplomacy" de los politólogos Calvin Thrall y Matt Malis.
"Los diplomáticos son muy eficaces a la hora de promover las exportaciones al extranjero cuando se les proporcionan los recursos y el personal necesarios para hacerlo", dice Thrall, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Columbia. "Son muy eficaces a la hora de negociar acuerdos de inversión y también de resolver disputas comerciales", señala.
Según Thrall, Estados Unidos tendía a mantener menos relaciones con los países en los que Washington no había identificado un interés comercial significativo. "Actualmente, no contamos con embajadores en lugares como Bolivia, Pakistán o Malaui", indica el experto.
"Si nos fijamos en el continente africano, en particular, con frecuencia Estados Unidos trata estas relaciones de manera inconsistente. Sin embargo, los lugares que son grandes destinos para las exportaciones estadounidenses, aquellos que son importantes para las corporaciones multinacionales de Estados Unidos, son los que recibirán una atención constante, independientemente de la administración".
Según los datos recopilados por Thrall y Malis, el número de nuevos tratados de Estados Unidos ha disminuido desde la década de 1980, tanto bajo gobiernos republicanos como demócratas.
Los presidentes de Estados Unidos han preferido cada vez más los acuerdos ejecutivos alcanzados con otros jefes de Estado en lugar de los tratados, que deben ser ratificados por el Congreso. Sin embargo, estos acuerdos también muestran una disminución a lo largo de los distintos gobiernos, especialmente durante la última década.
Esto coincide con otra tendencia: Estados Unidos se ha ido retirando cada vez más de los acuerdos multilaterales. Thrall y sus colegas han observado que, desde la década de 1980, los gobiernos de Estados Unidos han preferido forjar acuerdos bilaterales —a menudo comerciales—.
"Lo que realmente llama la atención de esta administración, a diferencia de las anteriores, es que ni siquiera finge apoyar el llamado orden internacional liberal o el orden basado en valores", comenta Thrall. "El presidente Trump está más dispuesto a decir abiertamente: 'Estamos en esto por nuestros intereses financieros. No se trata de valores ni de apuntalar un orden internacional'".
Thrall y Malis descubrieron que nunca ha habido tantos puestos de embajador de EE. UU. sin cubrir. Esto podría poner a Estados Unidos y a sus intereses en desventaja. "Existe un creciente corpus de literatura académica que demuestra cuán importantes son, no solo los embajadores, sino también los diplomáticos de base, para lograr los resultados que los Estados desean. Lo que estamos viendo en el caso de Estados Unidos es una falta de inversión histórica en la capacidad burocrática real para llevar a cabo a nivel internacional lo que tal vez deseen hacer", explica.
Por su parte, Kushi señala que se había producido una transición evidente de la diplomacia a la fuerza en las relaciones de Estados Unidos con muchos gobiernos.
El 62 por ciento de los estadounidenses que participaron en una encuesta de Pew Research realizada en abril de 2026 afirmaron que no confiaban en que el presidente Donald Trump estuviera utilizando la fuerza militar de manera sensata ni tomando buenas decisiones en materia de política exterior.
Esto concuerda con una tendencia a largo plazo: desde principios de la década de 1960, la empresa de estudios de mercado Gallup ha preguntado a los estadounidenses qué tan satisfechos están con la posición de Estados Unidos en el mundo. Tras alcanzar un máximo histórico del 71 por ciento en 2002, el porcentaje de adultos estadounidenses que están contentos con la posición de Estados Unidos es ahora de apenas el 38 por ciento.
La historia reciente también parece haber cambiado la forma en que otros países ven a Estados Unidos. Las encuestas realizadas por Pew Research en 2025 y por la organización danesa Alianza de las Democracias y la empresa de sondeos Nira Data este año muestran cómo la imagen de Estados Unidos en el extranjero ha empeorado en comparación con años anteriores.
Según la Alianza de las Democracias, la imagen de Estados Unidos mejoró en solo tres de los 48 países encuestados: Israel, Rusia y China.
Fuente: Deutsche Welle

