El conflicto se ha acercado tanto a África que casi podría verse desde allí a simple vista. Desde la costa norte de Yibuti hay poco más de 20 kilómetros hasta Perim, isla yemení situada en el punto más angosto del estrecho de Bab el-Mandeb y ahora tomada por los rebeldes hutíes, apoyados por Irán. Su control de facto del estrecho recuerda a la situación en el estrecho de Ormuz, donde Irán lleva más de medio año obstaculizando las exportaciones del Golfo para elevar el costo de la guerra iniciada por Estados Unidos e Israel.
Desde el comienzo de la guerra en la Franja de Gaza, en 2023, los hutíes han demostrado que están dispuestos a atacar buques mercantes. Sus nuevas amenazas se dirigen solo contra barcos sauditas, pero existe el riesgo de que otro cuello de botella del comercio mundial quede bloqueado. Y esta vez, mucho más cerca de África.
Las economías africanas ya sufren las consecuencias de la crisis de Ormuz, que ha encarecido y reducido el suministro de combustibles y fertilizantes. Si también se cierra el acceso meridional al mar Rojo, la situación podría agravarse. Egipto sería especialmente vulnerable: controla el acceso septentrional mediante el canal de Suez y depende de los peajes que cobra allí. Las navieras podrían optar cada vez más por rodear África, trasladando los costes adicionales a sus clientes.
El impacto más inmediato, sin embargo, lo siente Yibuti. Según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA), en pocos días, más de 2.500 personas huyeron de Yemen cruzando el estrecho y fueron alojadas en el norte del país. Obock, la región fronteriza con Eritrea que las recibe, es extremadamente árida. Alessandra Roccasalvo, representante en Yibuti del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), explica: "Aquí no tenemos mucha agua, no hay absolutamente nada de agua subterránea. Todo tiene que ser desalinizado".
Con poco más de un millón de habitantes, Yibuti tiene un peso regional desproporcionado debido a su posición estratégica a la entrada del mar Rojo. Alberga bases militares de Estados Unidos, China, Francia, Italia y Japón. Sus puertos civiles son también centros de transbordo de contenedores, que son recargados allí para ahorrar costos.
Por ahora, el avance hutí no ha vaciado los muelles yibutianos, pero ya tiene consecuencias. "En general, aquí hay crecimiento económico, es decir, como en cualquier país donde hay crecimiento, se necesitan materiales de construcción: cemento, materias primas, otras cosas. De eso llega menos, porque los barcos ahora tienen que pagar casi el doble por seguros y reaseguros. Muchos barcos ya no quieren pasar por el canal de Suez, ni por el mar Rojo", advierte Roccasalvo.
También preocupa especialmente al gran vecino de Yibuti, Etiopía, el país sin litoral más poblado del mundo, que canaliza alrededor del 95 % de sus importaciones y exportaciones a través de los puertos de Yibuti y debe asumir así el aumento de las primas de seguros.
"Naturalmente, el Gobierno etíope reconoce desde hace años que esta dependencia es un gran problema, una gran vulnerabilidad", señala Gerrit Kurtz, experto en el Cuerno de África de la Fundación Ciencia y Política (SWP) de Berlín. "Especialmente por la vulnerabilidad geopolítica de Yibuti, es decir, por los hutíes y por todo lo que aún pueda venir".
Etiopía lleva meses sufriendo los efectos del bloqueo del estrecho de Ormuz y llegó a racionar combustible. A largo plazo, intenta reducir su dependencia sustituyendo gasolina importada por electricidad nacional para el transporte. En 2024 se convirtió en el primer país en prohibir la importación de vehículos con motores de combustión.
Pero si Yibuti, su principal puerta al comercio mundial, quedara seriamente afectado, podría resurgir un viejo asunto. El primer ministro etíope, Abiy Ahmed, ha reclamado repetidamente un puerto propio para Etiopía. Llegó a firmar una declaración de intenciones con la región separatista somalí de Somalilandia y también amenazó a Eritrea con una intervención.
Kurtz no cree, sin embargo, que Abiy vaya actualmente a intentar tomar por la fuerza el puerto eritreo de Asab: "Actuar contra Eritrea sigue siendo un asunto de enorme envergadura. También requiere muchísimos recursos. Entre ellos, por supuesto, combustible, dinero y demás. También recursos políticos. Y creo que, por el momento, el Gobierno etíope prefiere evitarlo".
Un nuevo conflicto en el Cuerno de África tampoco solucionaría la inseguridad en Bab el-Mandeb ni en Ormuz. Otro motivo de preocupación para los expertos es la creciente cooperación entre los hutíes chiitas y el grupo terrorista sunita Al Shabab, radicado en Somalia. Pese a sus diferencias ideológicas, ambos comparten su hostilidad hacia Israel y Estados Unidos.
La cuestión es qué instrumentos políticos tiene África. Los tres países africanos actualmente representados en el Consejo de Seguridad de la ONU, República Democrática del Congo, Liberia y Somalia, defendieron conjuntamente la libertad de navegación y una solución a la crisis de Yemen bajo el paraguas de Naciones Unidas.
Para Kurtz, a los Gobiernos africanos no les queda mucho más que adaptarse y diversificar sus rutas comerciales: "No veo ahora que vaya a surgir una iniciativa por parte de África. También porque simplemente no tienen las capacidades ni la influencia".
Roccasalvo tampoco considera que Yibuti pueda lograr por sí solo una solución diplomática: "Creo que este sería un tema para la Unión Africana porque, sinceramente, ¿qué presión se le puede exigir a Yibuti como país pequeño? Yibuti es el primer interesado en que aquí todo siga estable". Como Etiopía, el país necesita estabilidad para atraer inversión extranjera directa.
La crisis obliga así una vez más a África a adaptarse. Algunas economías, sin embargo, podrían beneficiarse del desplazamiento de las rutas: los puertos de Kenia y Tanzania ganan atractivo para el transbordo. Y, mientras numerosos países sufren por los elevados precios del petróleo, el grupo nigeriano Dangote ha anunciado una salida a bolsa y una nueva refinería en Kenia.
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Fuente: Deutsche Welle

