Dr. Andrés Merejo, Filósofo, escritor y especialista en Ciencia, Tecnología y Sociedad(CTS), con un doctorado en Filosofía en un mundo global por la Universidad del País Vasco

El panorama social, político, económico tecnológico y cibernético pinta feo en cuanto a un tiempo cargado de pesadillas, repugnancia, depresiones y terror.

Lo feo

El jueves 24 de febrero 2022, la hiperinformación que brota de las redes del ciberespacio sobre el estallido de una guerra en Europa del Este (Rusia- Ucrania), es un acontecimiento que ha empezado, pero no se sabe cómo terminará. Este enfrentamiento implicaría también un panorama expansivo del conflicto, porque involucra a Occidente y a los Estados Unidos contra Rusia y de manera sutil contra el imperio chino.

La mentalidad imperial y absolutista que expresa Putin con relación a la determinación de Ucrania de luchar por su independencia se deja entrever en la condena que le hace a Vladimir Lenin, por haber separado y cercenado esa parte territorial de Rusia. Lenin, fue el presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, a principios de la segunda década del siglo XX, luego del triunfo de la revolución bolchevique.

Esta conflagración en Europa del Este ha estremecido a la humanidad y está abriendo una zanja profunda en cuanto distopía (mundo indeseable) versus utopía (un mundo mejor posible), y quizás el deseo de soñar por un pasado lejano, que de acuerdo con Bauman es la Retrotopía, caracterizada por una nostalgia de querer volver al pasado ante un mundo inseguro que va perdiendo parte de su bienestar social y se percibe como terrorífico.

Un mundo y cibermundo transido, perplejo, que no ha salido de una pandemia cuando entra en un escenario de guerra que no dejará a un lado la contienda cibernética. Este híbrido (guerra-ciberguerra) es el encaje casi perfecto para que se apodere del ser humano, el sentimiento de que el mañana quizás no exista y que el pasado en su lugar se sitúe como aspiración y romanticismo:

“(…) surgen actualmente retrotopías, que son mundos ideales ubicados en un pasado perdido/robado/ abandonado que, aun así, se ha resistido a morir, y no en ese futuro todavía por nacer (y, por lo tanto, inexistente) al que estaba ligado la utopía (…) con semejante giro de ciento ochenta grados, el futuro se ha trasformado y ha dejado de ser el hábitat natural de las esperanzas y de las más legítimas expectativas para convertirse en un escenario de pesadillas” … (Bauman, 2017, pp.14-15).

La prolongación de esta guerra entraría en combinación con la ciberguerra, lo que complejiza el panorama planetario transido debido al calentamiento global, y a la pandemia de la COVID-19 que sigue azotando a la humanidad y produciendo fallecimiento de seres humanos.  El estallido de este conflicto armado se ha estado dando de manera brutal y sin misericordia por parte de Rusia. Su dilatación profundizará la crisis planetaria que estamos viviendo en lo energético (petróleo- gas) y que amenaza la seguridad alimentaria, la salud física y mental que se encuentran muy deterioradas como resultado de la pandemia.

Este tipo de conflicto armado (intenso o no) forma parte de esa condición transida y agresiva que lleva a cuesta el ser humano desde su evolución en África hace 2,500 millones de años. En el 1999, Alicia Rivera, destacada periodista científica, escribió en el periódico El País un trabajo sobre el descubrimiento de unas criaturas hace 2,5 millones de años y la cuales pertenecían a una especie desconocida. Estas fueron descubiertas en Etiopía por el paleontólogo estadounidense Tim White y un equipo de 40 científicos:

Hace 2,5 millones de años, unas criaturas de menos de metro y medio de altura, con un cerebro tres veces más pequeño que el nuestro y con brazos largos como los monos, pero ya con piernas largas como los hombres, vivieron en el noreste africano y, probablemente, fueron los primeros seres entre nuestros antepasados que usaron instrumentos de piedra para descarnar animales (Ver:  El descubrimiento de una especie de hace 2,5 millones de años completa la historia del hombre | Sociedad | EL PAÍS (elpais.com).

El ser humano se ha movido entre la piedad, solidaridad, heroicidad, lo transido y lo agresivo, de ahí que, como bien señala el filosofo Marina:

La guerra ha sido una constante en la historia de la humanidad. Las guerras agresivas han respondido siempre a las mismas causas: el deseo de expandir el poder, el ataque como método preventivo, o las creencias y sentimientos que las impulsan a la acción violenta y a la venganza. El caso de las dos guerras mundiales es paradigmático. 2021, p.24).

Las guerras de por sí  son irracionales, despersonalizadas entre combatientes, anulan la compasión por el enemigo e intensifican la brutalidad de los comportamientos.

El pintor Francisco de Goya, expresa en algunas de sus pinturas las interioridades de los desastres de las guerras, que van desde panoramas sombríos, desoladores y oscuros que dejan entrever el estado transido del artista por estas conflagraciones y que se manifiesta en lo feo como configuración de la violencia, muerte, soledad, horrores, angustia, temor y desorden.

Una de estas pinturas que marca el tiempo de los inviernos que han pasado por mi vida por este planeta es “Saturno devorando a un hijo” en la que sale a relucir lo demoniaco, horrendo, tenebroso, grotesco, sangriento y repugnante de lo que es feo.

El panorama social, político, económico tecnológico y cibernético pinta feo en cuanto a un tiempo cargado de pesadillas, repugnancia, depresiones y terror; no se volvería a vivir una guerra fría sino una guerra y ciberguerra que serán de tensiones calientes.

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