El primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, se reunió el jueves (12.03.2026) en Yeda con el príncipe heredero saudita, Mohammad bin Salman. La visita se produce en un momento en que la guerra de Irán entra en su tercera semana, con Estados Unidos e Israel intensificando sus ataques contra el país persa, y Teherán atacando bases estadounidenses y otras zonas de Arabia Saudita y los países vecinos del Golfo. En el encuentro, Sharif manifestó su solidaridad con Arabia Saudita y aseguró al príncipe heredero que Pakistán siempre se mantendría firmemente del lado de Riad.
Desde el inicio de la guerra con Irán, el 28 de febrero, Islamabad ha intentado presentarse como una parte neutral, que mantiene relaciones cordiales tanto con las naciones árabes como con Irán. Pero Pakistán podría verse obligado a tomar partido si la guerra se prolonga durante más tiempo.
El primer ministro pakistaní y el jefe del Ejército y mariscal de campo de este país de mayoría musulmana, el general Asim Munir, han forjado estrechos vínculos con el presidente estadounidense, Donald Trump, en los últimos meses. Islamabad incluso se unió a la polémica Junta de Paz de Trump, cuyo objetivo es estabilizar Oriente Medio y supervisar la paz y la reconstrucción en la Franja de Gaza. Entonces, ¿por qué Pakistán no apoya abiertamente a Estados Unidos?
“Pakistán puede mantener relaciones de trabajo con Washington sin que por ello tenga que unirse a una campaña militar”, explicó a DW Fatemeh Aman, experta en Irán y Pakistán e investigadora principal del Atlantic Council. “Entrar en una guerra con el país vecino acarrearía importantes costos: perturbaciones económicas, una posible inestabilidad a lo largo de la frontera entre Irán y Pakistán, y el riesgo de avivar las tensiones sectarias dentro de Pakistán. Estos factores imponen límites claros al grado de alineamiento militar que Islamabad puede alcanzar con Estados Unidos”, añadió.
“Pakistán está mostrando simpatía diplomática al tiempo que evita involucrarse directamente en el conflicto. Su prioridad es evitar que la guerra se extienda más allá de su frontera occidental, desestabilizando su entorno interno o interrumpiendo el suministro energético y las rutas comerciales”, dijo Aman. Por su parte, el portavoz de Sharif, Mosharraf Ali Zaidi, declaró a DW que su Gobierno está presionando para que se reduzca la tensión. “Pakistán no apoya los ataques de Irán contra los países del Golfo ni la campaña de bombardeos (estadounidense-israelí) en Irán”, subrayó.
Aman, del Atlantic Council, cree que hay varios escenarios que podrían empujar a Pakistán hacia la guerra: “Si el territorio saudita o su infraestructura energética sufren ataques continuados y Riad solicita formalmente apoyo, Pakistán se vería sometido a una presión significativa para ayudar a un socio estratégico”, señaló.
“La relación de Pakistán con Arabia Saudita proporciona apoyo económico, respaldo político y cooperación en materia de seguridad. Pero en un conflicto en el que se vea involucrado Irán, esa misma asociación complica la estrategia de equilibrio de Islamabad”, afirmó Aman. Además, Pakistán y Arabia Saudí también tienen un pacto de defensa mutua, que establece que un ataque contra uno de los países se considera un ataque contra ambos, lo que compromete a ambas naciones a una intervención militar conjunta.
Maleeha Lodhi, experta en asuntos internacionales y exembajadora de Pakistán ante EE. UU. y la ONU, insiste en que la postura de Pakistán en el conflicto está más alineada con la de Irán.
“Pakistán ha condenado el ataque estadounidense-israelí contra Irán, sin mencionar a EE.UU. Los líderes pakistaníes han expresado sus condolencias por la muerte del ayatola Alí Jamenei. El primer ministro también felicitó al nuevo líder supremo, y los ministros de Asuntos Exteriores de ambos países mantuvieron conversaciones durante la guerra”, declaró a DW.
Al mismo tiempo, la opinión pública en Pakistán es firmemente proiraní, señaló. “No obstante, dados los estrechos vínculos de Pakistán con el Consejo de Cooperación del Golfo, especialmente con Arabia Saudita, también ha condenado los ataques contra ellos”.
La analista Fatemeh Aman, cree que es poco probable que Donald Trump se vea sorprendido por la postura de Islamabad. “Washington no espera que Pakistán entre directamente en la guerra. Siendo realistas, Estados Unidos espera que Pakistán impida las actividades antiamericanas y la violencia en su territorio, evite prestar apoyo a Irán, mantenga la cooperación en materia de seguridad e inteligencia y ayude a garantizar que las rutas marítimas del Golfo permanezcan abierta”, subrayó.
“Si el conflicto se extiende y Arabia Saudita se enfrenta a ataques directos, las expectativas de Estados Unidos podrían cambiar. En tal situación, la presión sobre Islamabad para que apoye a Riad podría aumentar considerablemente, lo que reduciría el margen de maniobra de Pakistán para mantener una postura de no beligerancia”, añadió.
Fuente: Deutsche Welle

