PRM
Noticia

PRINCIPIOS BÁSICOS DE LA ACTIVIDAD POLÍTICA.

luis en villaEn la política son muchos los principios que facilitan el ejercicio justo de dicha actividad, en este caso Indicamos sólo los seis más relevantes y al mismo tiempo, por paradójico que parezca, reiteradamente estos son violados e inclusive inexistentes en los sistemas democráticos.

1°) Principio de la receptividad: Todo político habrá de ser receptivo a las críticas y quejas de la ciudadanía, formuladas a través de diferentes procedimientos; uno de ellos, sin duda, los medios de comunicación. Las decisiones de los políticos, para que sean morales, habrán de tomarse teniendo en cuenta siempre la perspectiva de aquellos que serán los más afectados. El rechazo directo de las críticas que susciten las decisiones políticas nos muestra un comportamiento político escasamente receptivo a la voluntad ciudadana, y por ende, de dudosa validez moral.

2°) Principio de la trasparencia: Todo político habrá de actuar explicando siempre las intenciones con las que toma sus decisiones, sacando a la luz pública lo que se pretende conseguir con ellas, por qué se toman, cómo se van a llevar a término… No han de existir dobles intenciones en la vida política. Constituye una obligación moral de todo político decir siempre la verdad a la ciudadanía, no ocultar, tras mensajes ambiguos, intenciones inconfesables públicamente.

3°) Principio de la dignidad: Todo político habrá de actuar considerando a las personas implicadas en sus decisiones como fines en sí(Kant) y nunca como meros medios. La más grave inmoralidad en la que puede incurrir un político consiste en utilizar a las personas como instrumentos y objetos con los cuales conseguir otros fines, aunque sean fomentadores del bienestar social. Esta defensa de la ,dignidad de toda persona, a la que debe sujetarse cualquier acción política, implica la salvaguarda rigurosa y la promoción constante de los,derechos humanos, consagrados en las constituciones democráticas. Argumentaciones y acciones políticas exculpadoras y violadoras de esos derechos, en las que subyace la legitimidad de servirse de personas (secuestradas, asesinadas, torturadas, extorsionadas…) para alcanzar otros fines considerados superiores, constituyen argumentaciones y acciones gravemente inmorales, además de claramente delictivas. Es este principio moral el que, desde el /cristianismo y la reflexión ética kantiana, mayor fuerza moralizadora de la práctica política comporta, además de sostenerse en una sólida base filosófica, que lo convierte en la piedra angular sobre la que se apoya todo el edificio político-jurídico de nuestra cultura democrática, tal como la enmarca la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

4°) Principio de los fines universales: Todo político habrá de actuar distinguiendo con suma claridad lo que son intereses personales o partidistas, de lo que constituyen en verdad fines universales de una comunidad o una nación. Lo cual significa que aquellas argumentaciones, decisiones o acciones políticas con las que se procura beneficiar, por ejemplo electoralmente o económicamente, a un partido político, son inmorales, aunque no sean por supuesto ilegales; y no digamos si se presentan a la ciudadanía, como suele suceder, revestidas de un aparente interés general, las que se sabe claramente que son meras estratagemas para aumentar votos o beneficiar a personas particulares.

5°) Principio de servicialidad: En todo sistema de gobierno hay quienes viven, como decía Weber, de la política y quienes viven para la política. Los primeros se introducen en la vida pública y anhelan los cargos políticos como medios para acrecentar sus arcas particulares; mientras que estos últimos son quienes se entregan a la vida política como servidores de una causa, ven en el acceso al poder un medio para servir a la ciudadanía, no muestran apego sospechoso al cargo, y expresan con hechos una concepción transitoria de la actividad política. Una referencia para medir la altura moral de un político cabe encontrarla en este espíritu servicial del poder. Por el contrario, una clara muestra de la inmoralidad política queda patente en todos aquellos que se sirven del poder para enriquecerse o enriquecer a los suyos.

6°) Principio de la responsabilidad: La mayoría de los políticos, cuando acusan a otros lo hacen por «falta de responsabilidad», y cuando se alaban a sí mismos es por haber actuado «por responsabilidad». Conviene distinguir entre responsabilidad moral, política y penal. Aunque simplificando, la última la delimitan los jueces, la segunda los parlamentarios o partidos, y la primera, además de estos, la ciudadanía y los medios de opinión. Es evidente que actuar moralmente en política es actuar con responsabilidad. Sin embargo, no resulta del todo evidente qué significa con exactitud la ‘responsabilidad en la vida política. Se podrían distinguir, al menos, tres sentidos, todos ellos complementarios: a) responder a los ciudadanos y sus representantes, a través de las instituciones democráticas, de todo aquello de lo que se solicite explicación o justificación; b) asumir como propios los comportamientos ilegales o gravemente inmorales de los altos cargos subordinados, sin delegar en otros o excusarse en la traición de los hombres de confianza; c) tomar decisiones, como decía Weber, calculando siempre sus consecuencias previsibles para una comunidad o nación. Si el principio de la dignidad de la persona lo percibimos como el más elevado moralmente, el principio de la responsabilidad muestra mayores dificultades para ser delimitado con claridad; es el más manoseado y, por eso mismo, tergiversado por la mayoría de los políticos.

La ética política, vista desde la vertiente moral inherente a la actividad pública, a nuestro juicio habrá de centrarse, entre otros, en dos amplios objetivos: Por un lado, en la búsqueda teórica de variados principios éticos, que emanarán principalmente de la filosofía moral y política. Desde ellos se ha de ofrecer una concepción integral y dignificadora de la persona, una justificación y revisión de los derechos humanos, y una mayor legitimación moral del sistema democrático. Por otro lado, la ética política también tendrá que ser capaz de considerar con penetración orientadora tales principios, cotejándolos con las dinámicas de la vida pública, a fin de comprobar si esta se deja o no valorar por ellos. Con ambos objetivos la ética política podría contribuir modestamente a la revitalización moral del sistema democrático y, por ende, a una mejor defensa de la dignidad de la persona, siempre amenazada por la vorágine del poder.

De  ARANGUREN J. L., Ética y política

 

loading...
Compartir en Facebook

Escribir un comentario

Tu dirección de correo no será publicada.